Los Reyes Magos no sólo vienen de Oriente. En La Rioja también hay personas capaces de hacer realidad los sueños. El empresario logroñés Julio Polo cumplió ayer uno de los grandes deseos de Javier Tejedor. Los últimos meses de este joven, afectado por una enfermedad degenerativa conocida como Desmielinización, los ha pasado encerrado en casa. Su enfermedad y unas escaleras en su vivienda hacían imposible que Javier pudiese salir a la calle. Sus padres estaban desesperados. Cada día les resultaba más duro ver cómo su hijo no podía salir a la calle.
A través de una amiga de la familia, Camino Ciaurriz, la historia de Javier llegó a la peña Riojana de Calahorra, que rápidamente se puso manos a la obra para que el chaval pudiese tener una silla salvaescaleras que le permitiese salir de casa. Pero un artículo publicado en este periódico, que daba a conocer esta causa, hizo despertar un fuerte compromiso de solidaridad en el empresario Julio Polo, que ayer se convirtió en el rey mago de Javier al desplazarse hasta su domicilio para entregarle la máquina salvaescaleras que le hará volver a ver la cabalgata de reyes.
En la casa de Javier Tejedor, en la localidad de Cuéllar en Segovia, ayer era un día fiesta. «Estamos muy emocionados. Todos hemos llorado mucho, hasta el niño», comentaba a este periódico su madre, Belén Egido. «No tengo palabras para describir lo que Julio ha hecho por mi casa. ¡Ojalá hubiese en el mundo muchas más personas como él porque, ante todo, nos ha dado una lección de humanidad», subraya.
Belén no olvida tampoco «todo lo que está haciendo Camino en Calahorra». «En cuanto pueda iré a este lugar para darle las gracias a ella, a la gente que vive allí» y, cómo no, a la peña Riojana, que ayer por la tarde organizó una chocolatada en el paseo del Mercadal, en la que se recaudaron fondos destinados a comprar una grúa que facilite a la familia de Javier la tarea de levantarlo de la cama.
El otro protagonista de esta historia, Julio Polo, tampoco pudo reprimir sus lágrimas al conocer a la familia a la que con su solidaridad tanto ha ayudado. «Me he emocionado mucho. He conocido a una gente encantadora y sólo puedo decir que no hay dinero en el mundo que pueda pagar la satisfacción de saber que has ayudado a gente que realmente lo necesita», valora. De todos modos, este empresario logroñés pretende poner en marcha diversas iniciativas para seguir colaborando con la familia.
La despedida entre ambos también estuvo cargada de mucha emotividad. «Adiós Julio, has sido mi ángel». «El niño no hacía más que repetir esta frase cuando tuvo que despedirse de él», comentaba ayer emocionada su madre, que quiso que Julio se llevase de recuerdo «el castillo Cuéllar hecho en barro». «Se lo he dado con una carta escrita por mí para que siempre que lo mire se acuerde de mi hijo Javier y de toda la alegría que ha llevado a mi casa».