El presidente de la Junta de Andalucía y secretario general de la federación más poderosa del PSOE, José Antonio Griñán, estará al frente del grupo de trabajo encargado de elaborar la nueva propuesta de organización territorial para España, un «Santillana II», en referencia al pacto de Santillana del Mar que sirvió de impulso a la oleada de reformas estatutarias impulsadas durante el primer mandato de José Luis Rodríguez Zapatero en el Gobierno, entre ellas, la del Estatuto catalán. Solo que, esta vez, se espera que la cosa sea menos problemática.
La presencia de Griñán al frente del equipo debería garantizar, o en eso confían muchos 'barones', que la iniciativa no siga los derroteros marcados por el PSC, que ayer volvió a poner encima de la mesa la idea del «derecho a decidir», el eufemismo que abriría la puerta a un referéndum sobre la independencia de Cataluña. Rubalcaba no dio excesiva importancia a sus palabras, pero dejó claro que el primer secretario de los socialistas catalanes, Pere Navarro, pudo «constatar» que no cuenta con su visto bueno. «Su posición no es la mía», dijo.
El grupo de trabajo tendrá que elaborar ahora una propuesta que será discutida en un próximo Consejo Territorial antes del verano. No partirá de cero. El PSOE andaluz tiene ya una propuesta, el valenciano también y, además, hay un borrador que ya habían empezado a elaborar Ramón Jáuregui y un equipo de expertos.
La idea, aún algo difusa, es plantear una evolución del modelo autonómico que introduzca elementos de estados federales, entre ellos, un Senado que sea una cámara auténticamente territorial.
Griñán ha conseguido su objetivo de llevar en este debate la voz cantante. Siempre ha defendido que Andalucía debe desempeñar un papel fundamental, como ya hizo en 1983, ahora que, a su juicio, se corre el riesgo de responder a las presiones soberanistas con una fórmula que establezca una España de dos velocidades, con autonomías de primera, las llamadas históricas, y autonomías de segunda. Su frase siempre ha sido: «No queremos uniformes, pero tampoco desigualdades».