Partido movido y con cierta emoción el vivido ayer en el frío campo de El Salvador con dos equipos que quisieron jugar al fútbol, llegar a la portería rival, pero que se vieron parados por unas defensas que supieron cumplir muy bien con su trabajo a lo largo de los noventa minutos. Hubo pocas ocasiones, pero claras, como la de Tato en el minuto diez, que disparó alto tras un centro hacia atrás de Chileno en una jugada perfectamente triangulada. La respuesta fue de Indiano, que lanzó fuera tras un buen centro de Ureta.
Poco a poco, el partido fue perdiendo llegada, que no intensidad, porque ambos conjuntos se emplearon con fuerza y pugnaron siempre por la posesión del esférico. El balón corría por el campo con cierta velocidad, buscando las bandas, pero dejaba de hacer daño cuando se acercaba a las áreas. Ahí dominaban los hombres de atrás, que lo sacaban jugado o lo despejaban para evitar problemas ante la propia portería.
La clave del penalti
El minuto cincuenta y tres pudo cambiar el rumbo del partido. Tato sacó una falta y en el barullo del área, el balón fue rechazado por Endika con la mano. El propio Tato se encargó de lanzar la pena máxima y Cristian protagonizó la mejor parada del partido, abajo junto al poste, evitando el tanto que se cantaba en las gradas.
Había salido más enchufado el conjunto blanquiazul y había tenido un par de ocasiones, en las botas de Sergio e Indiano, y el penalti pudo romper la igualdad, que se mantuvo ya hasta el final. Los cambios en los dos equipos no sirvieron para mejorar la rentabilidad de los ataques, pero sí para ver alguna de buena factura, sobre todo en la parte izquierda del ataque local. Tras una buena jugada de los amarillos, a falta de cinco minutos para el final, el postrer centro desde la izquierda fue rematado por Pedro demasiado alto.
Y en los minutos finales llegaron los balones altos, con ventaja para los guardametas. La falta de gol fue el borrón del partido, porque dejó sin el premio de la victoria a los dos equipos.