Quería pasar el verano fuera de casa y, ni corta ni perezosa, agarró los bártulos y aterrizó en un pequeño pueblo costero del sur de Irlanda, Ballinglanna, muy próximo a la segunda ciudad del país, Cork.
Sin embargo, las de Ana no son unas vacaciones al uso. «Poder practicar otro idioma, conocer nuevos lugares y culturas es algo que siempre me ha emocionado», dice. Y es que, esta logroñesa, a la vez que disfruta de un país tan singular como Irlanda, trabaja como 'au pair'. «En estos tiempos, tener la oportunidad de ser 'au pair' es una ventaja; somos niñeras que, a cambio de cuidar a los más pequeños de la casa y colaborar con las tareas domésticas, recibimos alojamiento, comida y una pequeña paga semanal», explica.
No obstante, no todo en las vacaciones de Ana es trabajo: «Los días que libro me voy a Clonakilty, un pueblo cercano». Recuerda la primera vez que fue: «No conocía a nadie, así que me pasé el día andando, disfrutando de las calles del pueblo y sacando fotos a cualquier detalle». De esta manera, conoció a varias compañeras españolas y europeas «que trabajan en los alrededores de Clonakilty y Cork».
Y es que, la alternativa de ser 'au pair' en las Islas Británicas en verano abre muchas puertas al contacto con otras culturas. «Los fines de semana quedamos varias niñeras españolas para ir al 'Scannells Pub' donde disfrutamos de la cerveza irlandesa y entablamos contacto con otras extranjeras que se acercan a nosotras al ver que hacemos 'grupito' entre nosotras». Pese a las reducidas dimensiones de Clonakilty -similares a las de Santo Domingo de la Calzada-, ésta celebró la pasada semana el 'Waterfront Festival' donde participaron grupos tan variados como 'Scouting for Girls', 'The 4 of Us', o 'Taboo', integrante de los Black Eyed Peas. «Todo el pueblo salió a la calle, fue genial», asegura.
Las excursiones son el plato fuerte de Ana. «En Cork visitamos la fábrica de cerveza 'Murphys y Beamish' y nos hospedamos en un hostal donde conocimos a un grupo de canadienses, franceses, irlandeses y australianos con los que terminamos pasando todo el fin de semana». Aunque pretende volver, Ana tiene planteado viajar hasta la capital, Dublín, «a poco más de trescientos kilómetros de aquí».
Con lástima, Ana -que estudiará un Máster cuando regrese a España- siente que se acerque el final del verano: «Cualquier lugar irlandés tiene una belleza singular, la gente es simpática y muy amable, así que va a ser muy difícil despedirme».