El Ejército sirio clama victoria en Alepo. Después de tres semanas de ataques de artillería, helicópteros y aviones, los tanques y blindados penetraron en el barrio de Saladino, gran bastión rebelde, y acabaron con la vida de «decenas de terroristas», según los medios oficiales que hablan ya de una ciudad «limpia» de opositores armados. El avance terrestre se produjo tras una noche de intensos bombardeos, según los foros opositores, y unas últimas 72 horas en las que las fuerzas de El-Asad habían reforzado su presencia en los alrededores de la segunda ciudad del país para librar «la madre de todas las batallas», como denominan ambos bandos la lucha por el control de Alepo.
La agencia Reuters logró a primera hora de la mañana el testimonio de un miliciano que confirmó la retirada de la zona y constató la ausencia de los habituales puestos de control que mantenía durante los últimos días el Ejército Sirio Libre (ESL) en los accesos a Saladino. De confirmarse el avance sería un punto positivo para la moral de un régimen que vive unas jornadas de zozobra tras la deserción del primer ministro, Riad Farid Hijab, y los rumores sobre el intento de fuga de otros miembros del ejecutivo.
Mientras los medios oficiales se hacían eco de la victoria militar, soldados rebeldes negaban estas informaciones. El coronel del ESL, Abdul Gabbar Kaidi, denunció en declaraciones al diario 'The Guardian' «el ataque bárbaro» de las fuerzas de El-Asad sobre el barrio de Saladino, pero negó que hubieran retrocedido «un solo metro» y aseguró contar con «siete mil hombres armados con la enorme creencia en la causa por la que peleamos» por lo que auguró «una guerra muy larga».
Peregrinos iraníes
Las dos versiones sobre el frente de Alepo escriben un capítulo más de la guerra de propaganda que se libra en Siria, parecido al ocurrido el domingo cuando el régimen informó de que la situación en Damasco era «estable y segura», mientras los opositores hablaban de combates en barrios como Muhayirin, Salheih, Rukn al-Din y Jobar, así como en varias localidades a las afueras como Harasta, Yalda, Dumar o Arbin.
Las dos sirias también se enfrentan en la disputa por la identidad de los 48 iraníes secuestrados durante el fin de semana cuando viajaban en autobús al aeropuerto internacional de la capital y a los que el ESL acusa de ser Guardianes de la Revolución. En un primer momento Teherán y Damasco hablaron de «peregrinos», pero ayer el ministro de Exteriores de la república islámica, Ali Akbar Salehi, confesó que algunos eran «militares jubilados», además de funcionarios retirados de otros ministerios, y 'The Wall Street Journal' reveló que se encontraban en territorio sirio «en un viaje organizado por Samen Al-Aemmeh, la agencia de la Guardia Revolucionaria».
Siria se desangra y miles de civiles siguen huyendo a países vecinos como Líbano, donde activistas de derechos humanos y organizaciones de caridad elevaron a 90.000 el número de refugiados, una cifra que triplica el número de civiles registrados por Naciones Unidas. En Turquía, donde entraron 2.400 personas el martes por la noche, el Ministerio de Asuntos Exteriores indicó que había 47.500 exiliados.
Desde Jordania, que acoge a 150.000 sirios, el rey Abdalá II concedió una entrevista a la cadena CBS en la que alertó de que «Bashar el-Asad podría intentar establecer un enclave controlado por alauies si no es capaz de mantener su autoridad en todo el país, una posibilidad que supondría el peor escenario» para la región.