La antigua Tabacalera está presente en Logroño desde 1890, cuando Amós Salvador y Práxedes Mateo Sagasta inauguraron una factoría en el viejo convento de La Merced (hoy Parlamento de La Rioja). Durante más de un siglo, la fábrica de tabacos se ha convertido en uno de los principales iconos empresariales de la comunidad. En 1978, la compañía dejó el centro de la ciudad para mudarse al polígono de El Sequero; allí ocupa ahora un terreno de 214.694 metros cuadrados, con 47.100 de ellos construidos.
Tras la integración de Altadis en la multinacional británica Imperial Tobacco Group, en 2008, la firma decidió concentrar en Logroño toda la producción de cigarrillos que se realizaba en España. El año pasado, según datos de la propia empresa, la producción total alcanzó los 27 billones de unidades (el 83% de tabaco rubio y el 17% de negro), lo que supone unos 140 millones de cigarrillos al día, que luego llegan al mercado empaquetados bajo los nombres comerciales de Fortuna, Ducados, Nobel, JPS, Habanos y BN. El 72% de la producción se destina al consumo nacional y el 28% se vende en el extranjero (especialmente en Portugal, Italia, Austria, Marruecos y Francia).
Con estos antecedentes, resulta fácil imaginarse el impacto laboral de Altadis en la comunidad autónoma. Las fuerzas sindicales confían ahora en una negociación positiva para los trabajadores afectados. Juan Martín, de UGT y presidente del Comité de Empresa, recuerda que la plantilla «es bastante longeva», lo que puede ayudar a que todas las bajas se realicen mediante prejubilaciones. También el secretario general de CCOO en La Rioja, Koldo González, a su vez trabajador de Altadis y con responsabilidades sindicales en la compañía, espera que el actual plan se salde «sin salidas traumáticas y creando empleo indefinido, como ha sido tradicional en todas las reestructuraciones que se han venido realizando en la empresa desde 1995». «Porque, además -añade González-, hablamos de una firma que tiene músculo financiero para hacerlo. Nuestro mensaje es de prudencia».