En Calahorra, Mariana Nicoleta Zoicas se siente «como en casa». Llegó a La Rioja desde Rumanía en busca de un futuro laboral, hace ahora 11 años, y el tiempo le ha brindado la oportunidad de abrir su propio negocio. Nicoleta, de 44 años edad, es una mujer emprendedora. En Calahorra inauguró hace dos años un establecimiento de productos de origen rumano, en el que sus compatriotas pueden encontrar todos aquellos alimentos que añoran de su patria. La idea de poner en marcha la empresa surgió porque «todos los rumanos que conocía se tenían que desplazar hasta Logroño o Zaragoza para comprar productos de nuestro país», explica. «Hace dos años, yo estaba sin trabajo, y decidí abrir la tienda para dar este servicio», añade. En pocos meses el negocio fue despuntando y decidió abrir un segundo local en Pamplona.
El género con el que trabaja «viene directamente de Rumanía. Cada dos semanas llega aquí un camión con los pedidos», destaca. En su tienda no falta de nada. «Desde salchichones o chorizos ahumados hasta costillas, quesos y dulces», señala.
Nicoleta decidió emigrar a Calahorra porque, dice, «mi hermano estaba viviendo aquí». Sus primeros años los dedicó al cuidado de personas mayores hasta que decidió ir a Marbella, donde abrió un establecimiento de hostelería. «Pero allí no me gustaba vivir, hacía mucho calor y a los ocho meses regresé a Calahorra», relata. Después de trabajar un tiempo en un bar de la localidad, se arriesgó a montar su propia empresa. En la capital de La Rioja Baja asegura estar «muy contenta». «Me gusta la comida, que es muy parecida a la de Rumanía, el clima y el trato de la gente de Calahorra», subraya.
Fácil integración
Integrarse en La Rioja no le fue difícil. Quizá lo más complicado fue aprender el idioma. «Hasta los once meses después de llegar no aprendí a hablar bien el español», comenta. Por lo demás, «apenas noté diferencias en la manera de vivir y la gente siempre me ha tratado muy bien», valora. Nicoleta se siente como una calagurritana y apenas echa en falta Rumanía. De hecho, recuerda, «en estos once años sólo he viajado a mi país en dos ocasiones. La última vez que fui, a los tres días ya quería volver a España».














