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El Supremo introduce la reforma sanitaria en campaña

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El Supremo introduce la reforma sanitaria en campaña

El tribunal respalda con limitaciones la iniciativa de Obama y aviva el duelo con Romney a cuatro meses de las presidenciales

29.06.12 - 00:26 -
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«Esta es la hora de la verdad para el pueblo estadounidense», anunció ayer solemne el candidato conservador Mitt Romney. «Si queremos librarnos de Obamacare [la reforma sanitaria de Obama], tenemos que reemplazar al presidente Obama». La esperanza de que el Tribunal Supremo la declarase inconstitucional se desvaneció ayer abruptamente con una sentencia que respalda a regañadientes la controvertida Ley de Atención Sanitaria Asequible, siempre que se considere como un nuevo impuesto las penalizaciones por no adquirir un seguro médico privado.
«Sí, si quieres llamarlo así, llamémoslo impuesto», declaró satisfecha la exportavoz del Congreso Nancy Pelosi. Hasta ese momento era una palabra tabú para los demócratas por lo impopular que resulta en EEUU crear nuevos impuestos y porque el presidente Obama ha prometido que su reforma sanitaria no subiría las contribuciones al Estado. Romney, que ha asegurado derogarla en su primer día de gobierno, sostiene que costará 500.000 millones (401.000 millones de euros) en impuestos.
La decisión del Supremo, a cuatro meses de las elecciones, fue un gran asombro para propios y extraños al producirse en un tribunal de mayoría conservadora que ya demostró su sesgo político durante los argumentos orales. Sin embargo, el juez John Roberts dio la sorpresa y se sumó a la minoría progresista del tribunal por primera vez en un fallo tan reñido.
La euforia cundió entre los demócratas, pero Barack Obama templó los ánimos. «Es una victoria para la gente de todo el país cuyas vidas estarán más seguras gracias a esta ley que el Supremo acaba de respaldar».
Para gente como Ted Kennedy se trataba de decidir si la atención sanitaria es un derecho de todos o el privilegio de quienes puedan pagarla. El mítico senador murió de un tumor cerebral en medio del debate legislativo sin que pudiera votar por la ley que había defendido toda su vida. Sin su apoyo, los demócratas tuvieron que rebajar las expectativas y aceptar que la sanidad en EEUU quedara en manos de las aseguradoras privadas, a las que esta ley entregará 30 millones de nuevos clientes. «Estamos trayendo 30 millones de personas más a un sistema que no funciona», se lamentó el médico californiano Jorge Rodríguez, que originalmente había abogado por la reforma sanitaria. Con todo lo lejos que queda la sanidad universal -20 millones de personas en EEUU sin seguirán sin cobertura- supone la mayor transformación de la atención sanitaria en EEUU desde que Johnson firmase la ley de la Seguridad Social en 1965. Pelosi telefoneó a los hijos de Kennedy para darles la noticia. «Yo sabía que cuando nos dejó se iría al cielo y nos ayudaría desde allí a pasar la ley», contó satisfecha. «Ahora puede descansar en paz».
La ley amplía la cobertura del seguro público de beneficencia a 30 millones de personas más, debe reducir el precio de las pólizas al favorecer la creación de bolsas de seguros en las que compitan las compañías, subvenciona los medicamentos para jubilados, permite cubrir a los jóvenes bajo el seguro de sus padres hasta los 26 años, fuerza a las compañías aseguradoras a ofrecer gratuitamente cuidados preventivos que favorecen especialmente la salud femenina, con mamografías y anticonceptivos, y pone freno a las prácticas abusivas de las aseguradoras que se deshacen de los clientes que contraen enfermedades costosas, limitan su cobertura con topes anuales y rechazan a los clientes que no les parezcan rentables.
El grueso de estas medidas no entrará en vigor hasta el 2014, lo que impide a los estadounidenses apreciar los beneficios de la ley antes de las elecciones. La mayoría está preocupada por la perspectiva de tener que costearse un seguro que puede costarles miles de dólares al mes y que no les libra de incurrir en exorbitantes costes cuando caigan enfermos. Sin embargo Obama anunció ayer que para agosto 13 millones de personas recibirán un cheque de devolución de sus seguros privados «que han gastado más en costes administrativos y bonos para sus presidentes que en vuestra salud». Algo que podría hacer cambiar de opinión a parte de ese 51% que según Gallup no está de acuerdo con la reforma sanitaria.
Romney cuenta con ese bloque de votantes para llevarle hasta la Casa Blanca, una vez convertido en la última oportunidad para evitar que esa ley entre en vigor. Los estadistas advierten, sin embargo, que de ese 51% un 13% la desaprueba por considerarla demasiado floja.
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