Moquetas de flores, cortinas de terciopelo rojo, sofás de cuero negro, lámparas de mil cristales. todo al más estilo ochentero. Así era la discoteca 'Arlequín' que nació en Calahorra a finales de los años 70 de la mano de José María Toledo. Era la época de la 'movida madrileña' y los calagurritanos disfrutaban de su propia movida en un local que se convirtió en referencia de la zona. Siete salas de baile avalaban unas instalaciones hasta las que llegaron los mejores grupos de la época.
El edificio había sido construido en 1925 como teatro Ideal y sustituyendo al antiguo teatro Díaz. Tras años de luces y sombras fue en 1965 cuando José María Toledo se hizo con las instalaciones, que en un primer momento siguieron funcionando como teatro y añadieron el cine a su oferta cultural. Cuatro años más tarde se llevó a cabo una remodelación importante en un edificio que todavía conservaba todo el entramado de madera. El hierro y el hormigón entraron a finales de los años 70 en las instalaciones.
Fue una década más tarde cuando el teatro Ideal dio un giro radical y el edificio se convirtió en una de las grandes discotecas de La Rioja. Bajo el nombre de Arlequín, y en ciertos momentos compaginando su uso con el teatro, fueron cientos de jóvenes los que pasaron por sus salas de baile o intentaron colarse por sus puertas a falta de la edad legal para poder entrar. Fueron posiblemente los años con más movimiento en un edificio que además compaginaba actos sociales como la celebración de los carnavales o la elección de la reina de las fiestas.
Pero era por la noche cuando la 'Arlequín' vivía sus mejores momentos. Alaska y los Pegamoides, la Orquesta Mondragón y la música de la época aún suenan en el recuerdo de muchos calagurritanos que pasaron sus mejores noches allí.
Unos años más tarde 'Arlequín' cierra sus puertas, pero la vida nocturna del edificio no deja de funcionar. Las instalaciones se dividen en varios locales y una discoteca de menores dimensiones haciendo del edificio una zona de 'ocio nocturno' que incluso ubicó en un momento dado una pista de hielo en el patio de butacas de lo que hoy es el teatro.
Una vida intensa la de un local que fue testigo de romances, noviazgos, rupturas.en definitiva de la vida de los calagurritanos en los años 80.