Alertas individuales, de domicilios particulares, y colectivas, concretamente desde el Hospital San Pedro... La turbidez del agua de boca detectada ayer en diferentes partes de Logroño responde, según las explicaciones ofrecidas por el Ayuntamiento a Diario LA RIOJA, a un cúmulo de factores tales como las últimas tormentas registradas en la región, las obras del soterramiento que conllevan modificaciones continuas en las red de abastecimiento y pequeñas averías -no más de las habituales- en el suministro.
Así lo explicaba a última hora de la tarde de ayer el concejal de Medio Ambiente, Jesús Ruiz Tutor, después de que fuese requerido por este periódico tras constatar el problema con el Hospital San Pedro, donde ya durante la mañana, al igual que en gran parte de la zona sur y este de la ciudad, se detectaba la coloración del agua con la consiguiente inquietud de la ciudadanía.
Aunque los responsables del San Pedro recibían todas las garantías sobre la potabilidad del agua por parte del Ayuntamiento de Logroño, lo cierto es que desde el propio hospital se recogían muestras para su análisis.
Desde Medio Ambiente, que se resta importancia a lo sucedido circunscribiéndolo «a la habitualidad dentro del normal ciclo del agua de boca hasta el grifo», se confirmaba la turbidez de la misma debido a un aumento de los sólidos en suspensión, si bien «nunca por encima de los límites establecidos».
«Las últimas lluvias, sumadas a factores como los trabajos en la red a los que obliga un proyecto como la integración del ferrocarril y a las habituales pequeñas averías que sufren las canalizaciones pueden enturbiar momentáneamente el suministro debido al arrastre de sedimentos, lo que no quiere decir que afecte a la calidad del mismo pues todo está perfectamente automatizado para que el líquido sea apto para el consumo», aseguraba Ruiz Tutor.
Los problemas, de hecho, parecieron limitarse a las zonas sur y este de la ciudad... «En casos como este lo de la percepción es muy relativo», concluía el concejal de Medio Ambiente, quien precisaba que los niveles de turbidez «siempre están muy por debajo de lo que marca la legislación».