Con 19 años, David Merino (Villar de Torre, 1990) es uno de los pelotaris profesionales más jóvenes y con más desparpajo. Zaguero de Titín (a quien idolatra) en este Parejas, sueña con colarse en las semifinales del torneo de la mano «del pelotari más grande de la historia». Eso sí, respeto, el justo. Se apaga el micrófono y no deja de dar guerra a Titín mientras termina de hacer abdominales.
- Joven y con trabajo. Casi nada para los tiempos que corren.
- La verdad es que no es mala opción tal y como están las cosas. Hago lo que me gusta, jugar a pelota, pero también estudio INEF en Vitoria porque sé que la pelota no durará para toda la vida.
- Si sigue los pasos de Titín sí.
- Pero Titín sólo hay uno y él es el más grande de todos. Si hay suerte igual llegas a una edad cercana, pero es complicado.
- ¿Juego o trabajo?
- Lo que hago es lo que más me gusta y creo que soy un privilegiado.
- Ganándose el pan de cada día con sus manos, la manicura será obligatoria.
- No (ríe). Poca cosa...
- No se le da mal el fútbol. ¿Se ha perdido un futbolista?
- Ya me hubiera gustado jugar al fútbol (ríe), pero es complicado. No sé si hubiera servido.
- ¿Tiene la pelota el mismo glamour que el fútbol?
- Dicen que el fútbol más. Nosotros con lo que tenemos ya nos vale.
- ¿Eso significa que los pelotaris ligan como los futbolistas?
- (Ríe) A mí no me ha tocado. Algunos ligan mucho y otros nada.
- ¿Asusta jugar con Titín?
- No. Quizá cuando eras más pequeño sí, pero ahora es un placer y trata de ayudarte en todo dentro y fuera del frontón.
- ¿Le riñe a Titín?
- No suele merecerse broncas. Alguna broma sí le hacemos, pero le respetamos.
- En casa sólo hablarán de pelota [su hermano, Miguel Merino, es pelotari profesional].
- Nos entendemos bien y tenemos apoyo de nuestros padres.
- Y cuando usted falla, le cubre su hermano.
- Sí, cuando no he podido estar la empresa ha confiado en él y estoy muy contento.
- ¿No harán lo mismo con los exámenes o las novias?
- (Ríe) No, en lo de las novias no... aunque si él me las deja no pasa nada... pero dejarle yo las mías. En los exámenes no me importaría.