Samuel Aranda lo tuvo claro desde el primer momento. Quería ser fotógrafo, ir a los sitios más complicados del planeta con su cámara y sacar fotografías. Algo sencillo pero a la vez muy arriesgado. Su primer destino fue uno de los más calientes del planeta: Gaza. Allí se marchó con 20 años y un encargo de la agencia Efe para retratar lo que estaba pasando en ese convulso territorio donde israelíes y palestinos son incapaces de vivir en paz. Después llegarían trabajos en España, Líbano, Irak, Marruecos, Sáhara Occidental y pequeñas incursiones en América Latina, China y Europa del Este. Pero Aranda (Santa Coloma de Gramanet, Barcelona, 1979) siempre ha vuelto al mismo sitio, al mundo árabe. «Me siento muy cómodo», asegura el fotoperiodista español.
En esta parte del mundo, ahora tan agitada, ha encontrado uno de los mayores reconocimientos que existen en el mundo de la fotografía: el World Photo Press. Su instantánea fue publicada por The New York Times el 15 de octubre y ha sido premiada por reflejar la otra cara del conflicto. El lugar es Yemen, aunque podía haber sido cualquier país donde ha encendido la llama de la revolución popular. Lugares que se ha pateado en el último año mientras la población se levantaba contra los dictadores. «Era una cosa que se veía venir», confiesa por teléfono desde Túnez, donde ha fijado su residencia.
La fotografía muestra otra cara del levantamiento, en este caso contra el presidente Ali Abdula Saleh. Aranda tenía claro lo que buscaba. «Quería una fotografía que ofreciera el rostro más humano de la guerra porque eso es lo que es, una guerra», comenta Aranda de forma insistente. Ha visto los horrores que el régimen de Saleh, ahora en Estados Unidos, ha provocado y no quiere que se olviden porque otro sátrapa machaca a la población en Siria. «En la fotografía, la mujer ofrece mucha entereza. Tenemos la imagen de que la mujer árabe está sometida pero creo que aquí se rompe el mito», afirma. Está convencido de que en Occidente tenemos demasiados estereotipos sobre el mundo árabe. «No solo son hombres barbudos con AK-47», sentencia con rotundidad.
Aranda ha estado un año por todo el mundo árabe. Hace solo diez días que volvió a su hogar tunecino después de estar tres meses en Yemen. «Me costó entrar, pero al final nos colamos. Y luego tampoco podíamos salir. Es curioso», señala. Espera nuevas órdenes de Nueva York o de Barcelona (también colabora para La Vanguardia), aunque lo más probable es que regrese a la península arábiga para las elecciones que se celebrarán el 21 de febrero.
Arriesgar
No descarta más viajes a otros países en conflicto, a fotografiar las revueltas, el «rostro humano de las guerras». A arriesgar el pellejo. «Cuando escoges esta profesión ya sabes lo que puede pasar. Tienes momentos complicados, pero muchas veces se producen por la inconsciencia de uno. El riesgo está incluido en la profesión y creo que no hay que darle más importancia porque es lo que hay», comenta. «Esto (la fotografía) es como la artesanía, tiene su técnica. Y los fotoperiodistas somos bastante egocéntricos», señala risueño.
Por el momento, tiene claro que su futuro más inmediato está en el norte de África u en Oriente Medio. Aunque reconoce que le encantaría cubrir un acontecimiento muy concreto. «Me gustaría fotografiar la próxima revolución en España y ver cómo cambiamos el sistema. Tenemos que coger el ejemplo de Islandia», asegura, recordando cómo los ciudadanos de este país nórdico apostaron por no rescatar a los bancos con dinero público y abogaron por meter en la cárcel a esos altos directivos, en un discurso propio del movimiento 15M.
Mientras espera a que esto ocurra, seguirá al otro lado del Mediterráneo («me gusta mucho»), disfrutará de los diez mil euros, la nueva cámara y el lote de lentes que le ha tocado como premio tras superar a cien mil fotografías de 5.237 profesionales procedentes de 124 países. El 21 de abril recibirá el galardón en Ámsterdam. Además, una exposición con las mejores instantáneas de este joven catalán se abrirá en la ciudad neerlandesa el 20 de abril, y a partir de junio se mostrará por todo el mundo.