Si no se trata de un tabú roto, se parece bastante. La frecuente relación entre la anorexia y el ballet parece descontada para los no entendidos, pero no debe de ser tan evidente en el mundo de la danza. Mariafrancesca Garritano, 33 años, con una exitosa carrera de solista en el prestigioso cuerpo de baile de la Scala de Milán, ha sido despedida por haber dicho en público cosas como que una de cada cinco bailarinas del teatro son anoréxicas y que por ello muchas no pueden tener hijos.
Ella misma cuenta que cuando empezó con 16 años aguantaba sólo con un café y dos tostadas, un yogur para comer y un plátano para cenar. Además, ha añadido que las chicas hacen cualquier cosa para luchar por un puesto. En fin, como en las películas. Pero la Scala ha interpretado que sus acusaciones han causado «un daño de imagen» a la entidad, violan «los deberes fundamentales de un empleado» y minan «la relación de confianza» hacia él.
La batalla de Garritano viene de lejos. Escribió un libro en el 2010 titulado '¡La verdad, os ruego, sobre la danza!', parafraseando a Auden, en el que destapaba estas miserias y hablaba de la escuela de baile milanesa de la Scala. Contaba que la competitividad entre las bailarinas llegaba a concursos para ver quién comía menos, que «siete de cada diez pierden la menstruación a consecuencia de las dietas punitivas a las que se someten» y que varias chicas acabaron en el hospital para recibir alimentación intravenosa. Su profesor le llamaba «mozzarella» y la presionaba para que bajara a 43 kilos.
Cuando fue publicado el libro, la Scala guardó silencio pero Garritano ha seguido hablando de la anorexia en la danza. La última vez hace un mes en un diario británico. Y aunque ahora lo hacía en general, sin referirse al teatro milanés, ha agotado la paciencia de la dirección, que rechaza el panorama que describe. Por ejemplo, replican que en los últimos meses un total de nueve bailarinas ha cogido baja por maternidad. También sostienen que están atentos a los trastornos alimentarios, sobre todo en las jóvenes de la escuela, que pueden seguir un curso nutricional específico.
Pero las denuncias de Garritano eran más profundas. Asegura que abundan «las historias de corrupción, amenazas y compromisos para mantener el puesto en el escenario». Apunta que en los teatros italianos, como en el resto de la sociedad, predomina la gerontocracia, la promoción por enchufe y la falta de reconocimiento del mérito. De hecho, es llamativo que nadie en Italia haya alzado la voz para defenderla, ni un político, salvo un asesor municipal de Milán. En privado, dice ella, muchísima solidaridad, además de una página de apoyo en Facebook. «En el resto del mundo se asciende rápido después de dos o tres papeles importantes, pero aquí nada cambia. Por eso se mantiene el sistema, por miedo de perder el puesto». Como ella, por ejemplo.