Beatriz Valenzuela lleva desde el mes de octubre viviendo en Croacia, en la isla de Murter, en el Mar Adriático, donde completará un año de residencia gracias a un programa de intercambios de la Unión Europea gestionado por el Consejo de la Juventud de La Rioja.
La joven riojana colabora con una asociación medioambiental que se encarga de promocionar la isla en la que está, así como el archipiélago de las Kornati, al que pertenece. «De momento -afirma- he participado en la organización de dos intercambios juveniles, uno en Murter, aquí en la isla, y en Grecia hace dos semanas», comenta sobre su actividad, y añade que «ahora estoy enseñando clases de español a niños dos días a la semana y he preparado folletos informativos. Además me encargo de las paginas web y las redes sociales».
Su jornada diaria comienza todos los días a las nueve de la mañana y la jornada laboral se prolonga hasta las tres de la tarde, excepto los fines de semana, así como dos días a la semana que sale antes de la oficina para poder dar las clases de español a los niños.
En cuanto a la intendencia, la organización le aporta un apartamento en el que convive con su compañero francés Clement (otro voluntario que hace lo mismo que ella). «Nos dan cada semana una paga para comida. La organización paga directamente el alojamiento y luego cada primero de mes tenemos otra paga para gastos personales. El trayecto de ida y vuelta también nos lo paga la UE y tenemos 24 días de vacaciones en el año», detalla Valenzuela.
Uno de los proyectos en los que se encuentra trabajando posibilitará que otros cinco voluntarios riojanos acudan a la isla de Murter junto con gente de Serbia, Croacia, Macedonia, Francia, Bulgaria y Rumania. «Serán nueve días en un hotel de la isla en septiembre para hablar del mar como recurso y de las especies en peligro de extinción». concreta.
A La Rioja la lleva continuamente en el corazón, especialmente a su familia y amigos, y a su novio. Por lo demás, dice, «la vida aquí es casi perfecta. Las comidas son muy parecidas y además las cocino yo misma». En este particular edén, confiesa, no obstante, que lo que menos le gusta es el bura, «un viento muy fuerte y muy frío, que lo congela todo».