Pasear se ha puesto de moda. Da igual el día de la semana, la hora o la temperatura. Cada vez son más los que han cogido como buena costumbre la de hacer unos kilómetros al día. Una actividad que cada vez tiene más adeptos por motivos saludables o sencillamente de ocio.
Los lugares en los que se ven 'andarines' en Calahorra son varios, pero sin duda los más comunes son la vía verde, el parque del Cidacos o alguno de los 'senderos de la verdura'. Recorridos que tienen sus ventajas y sus inconvenientes.
Un ejemplo claro es la vía verde. Una senda muy transitada por los calagurritanos. «Es una buena zona para andar, aunque los accesos no son muy adecuados», comenta Marta, una asidua a este recorrido. «Tiene de bueno que está muy transitada a cualquier hora del día y eso da mucha seguridad, pero para llegar hasta allí tienes que pasar por el puente de la autopista, que está en muy malas condiciones, el suelo está levantado y es un paso muy estrecho. Además luego tienes que bajar por un terraplén para acceder a la vía», explica esta 'andarina'.
«Muchas veces ves como los padres que van con niños en bicicleta tienen que llevarla en brazos porque es imposible acceder de otra forma a la vía verde», asegura. «Incluso hay gente que va en coche hasta la zona de descanso que hay al lado del yacimiento del Sorbán y es desde allí donde empiezan a andar o a pasear en bicicleta», reconoce.
El parque del Cidacos
Un lugar con mejores accesos es el parque del Cidacos. Naturaleza a pie de ciudad es su gran ventaja, pero tampoco le faltan inconvenientes. Julio suele pasear diariamente por esta zona. «El parque del Cidacos es una buena zona para andar, el único problema es que de vez en cuando te encuentras a perros sueltos por la zona; yo ya me he llevado algún susto que otro», recuerda.
Para los que prefieren salir más de los límites de la ciudad están los 'senderos de la Verdura'. «Lo mejor de estos paseos son las vistas que puedes encontrarte», dice Javier que recorre, especialmente los fines de semana, alguno de ellos. Para él los inconvenientes son otros. «La gente que va en coche no tiene en cuenta a los que paseamos y van a demasiada velocidad», cuenta.
Aún así, a ellos no se les quitan las ganas de seguir caminando.