Dicen que en un pueblecito de Guipúzcoa, escondido entre pinos y carrascas, un domingo se encontraron dos mozos camino del txoko. ¿Has estado en misa? ¿No voy a estar? ¿Y ha habido sermón? ¿No va a haber? ¿Y de qué ha tratado? ¿El sermón?, de pecado. ¿Y qué ha dicho el pater, pues? Ya sabes. que no es partidario. Laconismo vasco. Fue el 26 de junio del año pasado la primera vez que les hablé de la Ecociudad y les dí mi opinión sobre la faraónica obra. Si ustedes lo recuerdan, yo, como el cura vasco, no era partidario. Pero miren ustedes por dónde, y aunque bien seguro estaba de que con la que está cayendo el proyecto de la Ecodispendio estaría con Karina, durmiendo en el baúl de los recuerdos, el pasado día 26 leo en nuestro periódico que la Ecociudad no es que no se detenga, es que, por tener, ya tiene hasta proyecto de compensación y que el documento, que detalla las parcelas, la futura localización de casi tres mil viviendas e incluye un teleférico, (atentos todos, lo nunca visto, ¡incluye un teleférico!) se someterá ahora a un mes de exposición pública. Bien, así que volvemos a las andadas. En un maravilloso valle, más plano que la palma de la mano, verde, calmo y fecundo, donde tenemos una estación de ferrocarril maravillosa por donde no pasan trenes y un aeropuerto fantástico donde no aterrizan aviones, ahora, y para variar, nos vamos a gastar el dinero que no tenemos en construir una Ecociudad en un cerro que no vale para nada, salvo para que presuntamente alguien se lo lleve «ecocrudo» por un véndeme allá esos eriales. Y para que el pueblo soberano entienda perfectamente lo que no hay dios que entienda, don Antonino Burgos (al que no tengo el gusto), consejero de Obras Públicas y algunas cosillas más, se ha molestado en explicárnoslo y así nos ha dicho que «es un desarrollo urbano que incluso considera exportable a otras localidades» (siempre que tengan un cerro al lado, supongo), que aporta vivienda sostenible, ecológica y económica (y aunque los terrenos y los pisos en Logroño nos salen por las orejas, hay que reconocer que aportar. aporta) y que su construcción es generadora de empleo (y particularmente en eso de generar empleo estoy totalmente de acuerdo, aunque más se generaría, creo yo, haciendo un Club Náutico en La Portalada). Y ya está. El proyecto de compensación ya coloca en su sitio lo que serán placas solares y los dos parques eólicos (dos: uno por tontos y otro por si lo perdemos). Total, que hay 24 propietarios del suelo y que a mí, aunque sólo fuera por «chafardear», me gustaría saber quiénes son, cuándo compraron los terrenos y cuánto pagaron por ellos. Pero que conste que no es por «malmeter» ¿eh?, que es sólo por curiosidad. Y por cierto, si siguen no teniendo dinero para gastar, pero se lo quieren seguir gastando, por qué no recomponen algo el monte Cantabría y sus ruinas arqueológicas, porque allí sí que se hicieron las primeras viviendas de la zona montaraz, aunque, eso sí, todo hay que reconocerlo. sin teleférico. Hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben, no tengan miedo.