«Los que han ganado estarán más contentos y los que no han ganado, menos». Un histórico dirigente socialista resumía así los ánimos tras unas semanas de infarto, «muy duras», a decir de otros, que habían concluido con acusaciones de juego sucio por ambos candidatos. «Ha sido una campaña elegante y de respeto», ironizaba el flamante secretario general nada más iniciar su discurso, «nos habremos dicho al menos 60 veces que somos la experiencia y el pasado».
Las tensiones que se constataban en la primera jornada del 38 congreso, y que al parecer se prolongaron durante la noche con cacerías de indecisos, se enfriaron a ayer nada más terminar los discursos de candidatura con una cerveza en la mano. Delegados e invitados abarrotaron inmediatamente las distintas cafeterías y barras distribuidas por el hotel para comentar las intervenciones. La suerte ya estaba echada, y la guerra psicológica podía esperar hasta después del tentempié. Los que contaban el número de aplausos decantaban la balanza para Carme Chacón, los contrarios alababan la «solidez» de Alfredo Pérez Rubalcaba. «Ha gritado mucho», lamentaba una de las delegadas.
¿Austeridad?
Como el día anterior, todos los ojos estaban puestos en los dos candidatos, que sin embargo no se dejaron ver en el comedor reservado por el PSOE, como el día previo, para almorzar de menú. En el congreso de la austeridad, muchas voces se quejaban de los precios del hotel (bocatas a 10 euros y cafés a 3) y de la ausencia de establecimientos en las inmediaciones. Los pocos abiertos se abarrotaron cuando los delegados terminaban de votar. Por suerte, sin embargo, ayer no tuvieron que salir corriendo a buscar los coches para evitar además una multa de 200 euros. Y es que el viernes el ayuntamiento había enviado a la Policía Local y la grúa municipal, que acabaron haciendo su agosto entre los coches aparcados.
La tarde transcurrió entre el suspense y las especulaciones. Rumores sobre el resultado, y rumores también acerca de la tardanza en contar votos.