Loco por la danza, Víctor Ullate (Zaragoza, 1947) se ha atrevido a bailar en la mente. 'Wonderland', que su compañía representa hoy en el Teatro Bretón, es un espectáculo inspirado en los enfermos mentales y dedicado a ellos, en homenaje especial a su hermana Marisol. Loco por la danza, Ullate no para de crear nuevas coreografías, confiando en seguir contando con el respaldo del público. Confiando también, pese a los malos tiempos, en contar con el patrocinio necesario y cada vez más escaso. Simplemente, loco por la danza.
-¿Víctor in Wonderland?
-Sí, 'Wonderland' surge del deseo de hacer algo por los demás. Hay cosas en la vida que te dan rabia, que no puedes evitar, pero que te empujan a actuar. Nadie se acuerda de estos seres tan especiales que se pasan casi todo el tiempo en su propio mundo pero a veces tienen momentos de lucidez y necesitan que estemos ahí. Yo he querido hacer un llamamiento sobre esos enfermos, que están muy solos, que siempre están a la espera de que vayan a visitarles. Es lo único que tienen. Es un homenaje a mi hermana y a todos los que están en una situación parecida. Ella tiene ya setenta años pero siempre ha sido una niña de dos. Solo quiere que le des cariño y permanecer en su mundo. Es una coqueta: le gusta la ropa, que le arreglen el pelo, las uñas... No puede hablar, pero lo dice todo con la mirada y demuestra tanta gratitud. Yo no sabía cómo expresar mi cariño hacia ella y mi pena. Y lo he hecho así.
-¡Qué maravilla, un ballet con música de Philip Glass!
-La música de Philip Glass es sencillamente maravillosa. Tiene tantas cosas. Te lleva a lugares increíbles. Y encaja como un guante con lo que hemos creado. La gente me pregunta si él la ha compuesto para este ballet, pero no, no es así.
-¿Qué les pidió a sus bailarines?
-Les hablé de mi hermana. Les pedí entrega total y que fueran artistas, no simples ejecutantes. Cada uno debía interpretar una patología diferente, así que les mostré fotografías que yo mismo tomé en un psiquiátrico. No hubo que explicar demasiadas cosas; hay pocas familias que no tengan algún ser querido con estas características. De modo que los bailarines han aportado mucho, se han entregado al cien por cien y me han hecho sentir orgulloso. El proceso de creación ha sido una descarga de energía genial. Sobre todo, lo que les pedí fue que interpretasen sus emociones, que no se limitasen a ser ejecutantes de una coreografía, sino que fueran artistas. Hay muchos bailarines que no expresan nada. Nosotros elegimos a los nuestros no solo por su técnica, sino también por su capacidad de interpretación. Y puedo decir que ha sido uno de mis montajes más espectaculares y que más satisfacción me ha dado.
-¿Le sorprende el resultado?
-Cada función es diferente porque no son máquinas. También es algo que les pido: no que actúen en función de la técnica, sino que se olviden de la técnica, que sientan y se expresen intensamente, que no hagan simulacros, que lo sientan y lo vivan. A mí cada vez me gusta más y reconozco que es un gran trabajo de equipo. Sin todo el equipo que hay detrás no sería posible llegar a estos niveles.
-Y creo que sorprende al público.
-La gente conoce mi trabajo anterior y muchas personas se sorprenden porque no les parece que se trate de los mismos bailarines que han hecho 'El Sur' o 'Samsara'. Les sorprende su capacidad de transformación. Y la historia que contamos yo creo que transmite mucha emoción. Las cosas, cuando se hacen con corazón y sentimiento, llegan al público. Yo estoy muy feliz porque llevo una buena racha de éxitos y espero que dure.
-¿Qué es más difícil encontrar, la inspiración o el patrocinio?
-Afortunadamente por ahora no nos falta ninguna de las dos cosas y, a pesar de la crisis, tenemos trabajo por delante. Tenemos programado actuar en Francia, en Perú. Pero es cierto que hay recortes por todos lados y a nosotros la Comunidad de Madrid también nos ha recortado 500.000 euros el presupuesto. Intentamos mantener todos los bailarines de la compañía, pero son tiempos difíciles. Ahora tenemos que ir a taquilla; es un riesgo que hay que correr, pero nos va bien porque el público responde. Esperemos que también en Logroño el teatro se llene. Es un lugar al que me gusta acudir porque tengo amigos y a mí, que soy de Zaragoza, me agradan las ciudades así y la gente así. Que no se lo pierdan, porque es un espectáculo que da mucha esperanza e incluso hace reír.
-¿Qué opina de que se recorten los presupuestos culturales antes o más que cualquier otro?
-Es que a los políticos la cultura no les interesa lo bastante. No se dan cuenta de que es lo que hace que la gente pueda evadirse y no pensar todo el tiempo en una situación que nos deprime. Pero hay que tener fe en que pronto saldremos de esta. No es la primera vez que ocurre. Yo ya he pasado antes por momentos difíciles y afortunadamente el público siempre nos ha respondido. Así que todo cuanto yo puedo hacer ahora es seguir trabajando.
-¿Ya tiene nuevos proyectos?
-Sí, claro. Trabajamos en una nueva obra que estrenaremos en octubre y para el año que viene planeo una gran producción inspirada en un gran maestro que aún no quiero decir quién es. Pero, sí, hay grandes proyectos en marcha para los que tengo que buscar patrocinadores. Sí, encontrar patrocinadores se ha puesto más difícil que mantener la inspiración.
-¿Está en su mejor momento creativo?
-Yo creo que sí. Yo mismo me asombro de mi memoria, de las cosas que siento, de la intensidad con que las siento. Las ideas me vienen y eso es precisamente lo que me hace sentir vivo. Eso y el resultado del trabajo, el entusiasmo del público, que es la mejor crítica que puedo recibir.