Siempre que el bolsillo tintinea y el tiempo le abre las puertas, José María Marín se convierte en turista, como muchos de los que él mismo atiende en la catedral de Santo Domingo de la Calzada, donde trabaja. Sus escapadas, generalmente junto a dos amigos vinculados igualmente al sector turístico, tienen casi siempre como destino urbes del centro y este de Europa. «Me llaman la atención porque son ciudades que han experimentado muchos cambios pero que, a la vez, conservan su personalidad», remarca, algo que echa en falta en muchas de España. Pone un ejemplo: «Puedes estar en un barrio de Logroño y perfectamente podría ser un barrio de Burgos, de León...», dice.
Igual que antes paseara por Praga, Edimburgo, Londres, Bruselas, Gante, Brujas, El Cairo o Roma, entre otras, en noviembre se fue a Budapest, ciudad de la que regresó con la retina cargada de imágenes y un resumidor calificativo: «Grandilocuente». Y lo explica: «Llama la atención su dimensión, porque, aún no siendo demasiado grande en cuanto a población, es de destacar la grandiosidad de los edificios y lo bien que está estructurada en torno al Danubio», el río que separa las antiguas ciudades de Buda y Pest, que convergieron en una sola.
Puestos a destacar algunas de las muchas cosas de lo que allí vio durante su semana de vacaciones, José María cita los puentes que comunican ambas orillas; el barrio judío, donde se levanta una de las sinagogas más grandes de Europa; la avenida Andrassy, declarada Patrimonio de la Humanidad, por la que circula la línea de metro más antigua del continente. Y, especialmente las vistas, «ya sea de una parte o de otra, de día y de noche. En otros sitios, cuando llega la noche ya no ves nada, pero en Budapest todo está perfectamente iluminado», cuenta.
A más frío, menos turistas
Por una cuestión térmica, José María recomienda viajar de abril a junio, o en verano. Cuando ellos estuvieron, los termómetros no subían de los 5 ó 6 grados bajo cero, calor en comparación con los -17º que padecieron en un anterior viaje a Praga. El frío, no obstante, tiene su parte positiva: «Hay menos turistas». En cualquier caso, su paso por la elegante ciudad del Danubio le resultó «muy enriquecedor», y aconseja este destino a cuantos estén interesados en hacer turismo cultural. Él ya tiene nuevos planes para el futuro inmediato. En un mes pisará el suelo de algunas ciudades de Polonia: Cracovia, Varsovia, Austwich...