El Partido Socialista Obrero Español elige este fin de semana su próximo secretario general y comienza su refundación tras el descalabro electoral de las elecciones del 20N. Para ello, todo orbita sobre dos figuras herederas de aquel proceso electoral que siendo tan reciente, parece que sucedió hace mucho tiempo. Alfredo Pérez Rubalcaba y Carmen Chacón son los dos únicos que han presentado sus candidaturas para ponerse al frente del partido en momentos tan turbulentos. Pero, ¿son los únicos candidatos posibles? o, mejor dicho, ¿son los mejores candidatos? No hay que olvidar que Rubalcaba es un experto político que ya estuvo en los gobiernos de Felipe González y en las legislaturas de Rodríguez Zapatero. Por el contrario, Carmen Chacón formaba parte de aquel grupo denominado Tercera Vía que aupó a un entonces José Luis Rodríguez Zapatero al primer escalón del socialismo español.
Sin embargo, ¿no hay nadie más? De igual manera que en los años 80 del siglo pasado surgió ese famoso Grupo de la Tortilla, y posteriormente el citado de la Tercera Vía, no ha llegado el momento de que vuelva a aparecer un nuevo grupo, con gente nueva, desconocida para la gran mayoría, gente con ideas e imagen nuevas, que no se relacionen con el pasado más reciente, que aporten una nueva visión de las cosas, del socialismo, nuevas perspectivas e ideas y, sobre todo, gente que cuente con un respaldo unánime del partido.
Los congresillos celebrados en enero en las sedes socialistas de España no ha hecho sino poner de manifiesto la lucha interna, ahora visible, en el partido. Menuda imagen de unidad y de progreso que está ofreciendo el PSOE. Si esto sucede a nivel regional, como serán las cosas a nivel nacional. Ese es el problema, la falta de unidad, de buscar una persona en torno a la cual se construya un partido de futuro, con ideas claras y programas posibles, adecuados a las necesidades reales, dejando al margen luchas y riñas internas entre las diversas facciones del partido, pues, no hay que olvidar que esas personas representan a un electorado y a una ciudadanía, a la cual se deben y debiera de ser su primera y principal preocupación.
Mientras el PSOE se dedicaba a elegir a los delegados que participarán en el Congreso de Sevilla, el PP campa a sus anchas protegido por esa mayoría absoluta obtenida en las urnas, sin que haya un partido que le controle. Parece que eso no importa, que es más importante el enfrentamiento encarnizado a nivel interno, los mensajes velados y las críticas a los compañeros sólo por el mero hecho de alcanzar el poder. De lado se dejan los argumentos, el debate de ideas, las propuestas, la lucha conjunta de todos, las necesidades de la gente.
El PSOE no sólo perdió las elecciones por las consecuencias de la crisis y sus decisiones cambiantes, sino por el hecho de alejarse de la gente, de permitir que los intereses de unos pocos prevaleciesen por encima de las demandas ciudadanas y cuando se deja de escuchar, de oír lo que una mayoría está diciendo, se pierde perspectiva y después es complicado volver atrás.
La solución pues, no es tanto la de refundarse ideológicamente, pues no es lo mismo el socialismo ni la sociedad de Pablo Iglesias, que el de la II República, ni el de los gobiernos socialistas en democracia. Hay que saber adaptarse a los momentos y aplicar siempre medidas socialistas, progresistas, pero sin perder de vista la realidad social que se vive. Ya lo decía Cánovas: «La política es el arte de aplicar en cada época aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible». Aquel que salga elegido del próximo Congreso socialista tendrá varios frente abiertos, no sólo el de recuperar la confianza ciudadana, sino el de crear y establecer un programa real, verídico, realizable -no sirven utopías que no se puedan cumplir-, un programa que acerque los intereses nacionales con los del resto de partidos socialistas europeos y hacer una oposición respetable, aportando ideas y posibles soluciones, pues estar en ese lado no significa vetar todas las propuestas del Gobierno, sino aportar y sumar, ya que todo aquello positivo irá en beneficio de la ciudadanía.
La política es el arte de dialogar para construir consensos de los que todos seamos beneficiarios, independientemente de quién o quiénes son los autores de esos consensos. Lo peor de todo, decía Confucio, es cometer un error y no corregirlo, pues se genera otro error. Ya se han cometido muchos errores, es el momento de comenzar a corregirlos.