En los meses que lleva el nuevo equipo de Gobierno municipal capitalino, apunta buenas maneras en el manejo de las cuentas públicas. Para no confundir al personal y no manejar parámetros equívocos, tomemos como referencia los documentos oficiales de la tesorería, donde señalaron, que la corporación de Tomás Santos recibió 67,2 millones de euros en el 2007, frente a los 8,7 millones que recibió de Cuca Gamarra en su acceso a la Alcaldía. Después cada cual podrá vestir el muñeco a su antojo.
De la política megafaraónica del bipartito (PSOE/PR) deja constancia que, a escasos meses de las últimas elecciones municipales y con la crisis económica instalada y sin necesidad alguna, sacaban a pasear como baza electoral la idea de la instalación del tranvía -recordar el desplegable de La Rioja con todo lujo de detalle- siguiendo miméticamente la causa del hundimiento de las haciendas locales, entre otras de Zaragoza, Jaén, Parla, etc., donde los consistorios socialistas han llevado a la ruina a sus conciudadanos.
Frente a estas ocurrencias, la gestión de la actual hacienda municipal logroñesa ha impuesto la máxima de congelar los impuestos y algunas de las tasas; reducir los liberados, asesores, jefes de prensa, mercedes, etc., que supone sustanciosos montantes; revisar a la baja otros suministros concertados, incluyendo el pago a proveedores a su tiempo; crear una unidad de compras, que supone reducir sensiblemente partidas del presupuesto; e iniciar la eliminación de duplicidades entre administraciones, pasando del bochornoso Logroño-Turismo, refugio de amiguetes y pendiente de resolución judicial, del trinque de las esculturas pagadas y desaparecidas, a integrar en una sola oficina con la Comunidad la gestión turística de Logroño y La Rioja, con el ahorro consiguiente.
En definitiva, eliminar gastos prescindibles a favor de mantener las sociales (becas, ayudas a domicilio, albergues, etc.). En resumen, no iniciar ningún proyecto sin contar previamente con la cobertura económica correspondiente sustanciada en el presupuesto, tal como impone el sentido común de cualquier familia o actividad empresarial que se precie.
¡Que la senda de austeridad y control emprendida continúe dando sus frutos!