Desde el 2007 nos encontramos ante una crisis del sistema capitalista. Una crisis de manual que afecta a todas las esferas de la vida económica: producción, distribución, cambio y consumo.
Una crisis que es consustancial al actual régimen de dominación, con el añadido de que tiene un carácter estructural, es decir, no permite un margen de salida a la misma en beneficio de la mayoría. Dicho de otra forma: todas las medidas tomadas por las distintas instituciones o gobiernos para tratar de salvar el capitalismo abocan al abismo a la mayoría de nuestro pueblo que nada ha tenido que ver en su desencadenante. Ya lo estamos sufriendo.
En este contexto, la patronal está respondiendo, objetiva y lógicamente, a sus intereses de clase, con recetas que le aseguren garantizar sus beneficios (la reproducción ampliada de capital, se llama): facilidad para los despidos, aumento de la edad de jubilación, congelación salarial, flexibilidad horaria.
Pero, ¿y las organizaciones que teóricamente afirman proteger los derechos de la clase trabajadora? ¿Qué papel están jugando las cúpulas sindicales en el actual periodo? También lo estamos viendo. Amén a aumentar la edad de jubilación, amén a aumentar el periodo de cálculo de las pensiones, amén a nuevos tipos de contratos precarios, amén a unos salarios que permiten perder poder adquisitivo, amén a convertir los convenios colectivos en papel mojado. Amén, en definitiva y perdón por la expresión, a jodernos el futuro y la vida a la clase obrera. Esa es nuestra tragedia. ¿Con amigos así, quién necesita enemigos?
En su afán por no ser las correas de transmisión de partidos comunistas y revolucionarios (decían) se convirtieron, y ahí siguen, en los mamporreros de los partidos del capital (alguno de los cuales todavía tiene la desfachatez de llamarse socialista y obrero), y de la patronal. En la coartada perfecta, para maniatarnos y vender nuestra fuerza de trabajo por cada vez menos.
Gracias Toxo y Méndez (y, por extensión, a sus corresponsalías de La Rioja) porque, con vuestra última machada de permitir estas subidas salariales miserables, millones de personas se levantan estos días de la cama más pobres que como se acuestan.