Como los regalos muy esperados se hizo de rogar, pero al final llegó un 22-20 reparador para Titín y Merino II sobre Berasaluce VIII y Albisu en el frontón talismán de Bilbao. El partido tuvo de todo. Bueno, regular y malo. Pero por ambos lados. Se hablaba de las dos parejas clónicas y hasta en eso lo clavaron. Aciertos y errores por igual.
El triunfo llegó por la suma de pequeños detalles y por varias ráfagas de juegos de unos y otros que ondularon el tanteo en función del material y de varios apagones de los pelotaris, que también los hubo. En 85 minutos de juego hubo muchos pasajes. El primero de ellos, hasta el 5-4, un deleite para los sentidos. Imposible jugar más y acabar mejor los tantos. Los pelotaris, con todo el nervio intacto, lo bordaron. Titín y Pablito hicieron diabluras, pero en ese tiqui-taca machacaron los reflejos de sus zagueros.
Albisu fue el primero en empezar a fallar y eso benefició a la pareja colorada con un 8-4, pero Merino está hecho del mismo material que Albisu y también acumuló tres errores seguidos que llevaron nuevamente el equilibrio con el 8-7. Bien es cierto que en este ingrato capítulo de errores hay que decir que a David le tocó bandear en zig-zag la cancha varias veces tapando las ventanas que adelante dejaba Titín como un zurdazo desde el choco que se fue a la contracancha, en una acción análoga a la siguiente y una escapada de zurda después de otra montaña rusa de tanto. Hizo bien Joaquín Plaza en apurar todos los descansos en el partido. Había demasiada tensión y especialmente entre dos zagueros, que llevaban grabadas en cada muñequera tres palabras: evitar al delantero.
Decayó el partido en intensidad. Los cuatro atletas, llenos de pelota, menudearon en fallos, aunque en esta faceta, el de Ataun hizo varios favores a los de Aspe. Aún así, el desarrollo de los tantos dejaba entrever el ingente talento de dos delanteros cortados por idéntico patrón. Llevan la malicia y la destreza por bandera. Buscaron el amago hasta la saciedad, pero atrás empezaba a escasear la frescura.
Ambos son exigentes con sus compañeros y les exprimieron al máximo. Merino II tiene una vista extraordinaria para el juego, sabe anticiparse a las jugadas y llega más por inteligencia y colocación que por piernas, que también. Lee la jugada y la anticipa como un maestro de ajedrez y eso le da beneficios. Albisu tiene vista, pero no anticipa a la misma velocidad y llega, aunque sea al segundo bote, jugada que dejaron de ver los jueces en dos ocasiones para disgusto de la pareja riojana.
La madre de todos los ganchos
Por mucho que siga el relato del partido hay que hacer un paréntesis para narrar el 14-9, que terminó el veterano de Tricio con un gancho de cine con los pies plantados detrás del hito del cinco. Un tanto cinco estrellas del maestro riojano. Fuerza, hombro, contacto con la pelota, dirección, puntería, un frontón generoso y un bote milagroso en la punta de la contracancha. Bravo, Titín.
Se acercaron los azules a un 14-12, pero Titín metió la directa. Merino ganó un pelotazo inmenso casi a la cristalera del rebote, Titín acertó con el gancho, un saque, carambola con efecto y un error en un paralelo de Albisu pusieron el tanteo en un amenazante 19-12.
Pero aún quedaba más. Nuevo acelerón azul a un 19-16, con dos errores riojanos y doble acierto del pícaro vizcaíno de gancho y de dejadita a placer. Albisu volvió a errar y Titín anotaba el segundo saque del partido. El triunfo estaba más cerca: 21-16. Pero aún había más. Sí. Pablito se la jugó y se acercó a un amenazante 21-20 como antesala a un último error del guipuzcoano, que envió fuera. Ya lo habían dado todo.