Ha confesado haber tenido un sueño erótico con una presentadora, se ha quedado en calzoncillos y ha compartido lecho (nada más) con una compañera de la casa. Ninguna diferencia con otro personaje de 'Gran Hermano'. Solo una minucia: es cura, aunque vaya de motero. La participación de Juan Antonio Molina (perteneciente a los Misioneros del Sagrado Corazón, que le han suspendido 'a divinis' por desobedecer la orden de no entrar en el programa) está generando amplios debates sobre la oportunidad de que un representante de la Iglesia se exponga así. Y trae a la memoria casos de otros religiosos (siempre hombres, lo de las monjas ni se contempla), que también han sucumbido a la tentación de la fama: Apeles, el padre Jony (el cura rockero), el exorcista Fortea... Bastante alejados del padre Mundina, aquél de las flores.
Sus paseos por la popularidad han tenido distintos destinos, hasta el de 'juguete roto'. Es el caso del 'pecador' José Apeles (Barcelona, 1966), que se paseaba por los platós de 'clergyman' -vestido como los seglares, pero con ropas negras y alzacuellos- participando en encendidos debates, vertiendo labia e insultos cultos e, incluso, empleando la violencia, como cuando le soltó una colleja a un ufólogo en presencia de Pepe Navarro. Las cosas han cambiado, y a finales de octubre acudía a 'La Noria' para relatar el calvario que vive: arruinado, asegura estar sufriendo una dura depresión que trata de paliar con fármacos y cantidades ingentes de alcohol: «Estoy medicado, tratado por los médicos y bebo para olvidarme de los problemas del mundo». Desea la muerte, eso sí, sin pensar en el suicidio, ya que va en contra de la doctrina que predica. Invitado a participar en este reportaje, aceptó, recibió las preguntas por email ya que no tenía ganas de hablar por teléfono, y finalmente dijo que no tenía fuerzas para responder.
Y es cierto que está hundido, pese a que su petición de un puesto en 'La Noria' hizo dudar: «Si tuviese una mesa en 'La Noria', como siempre me hubiese gustado, no estaría tan deprimido», soltó entonces. «Mi vida puede acabar como la de Carmina Ordóñez. Pero ella no se mató ni se suicidó, acabó mal por las cosas que tomaba. Y yo acabaré mal probablemente por las mezclas que hago». Hoy vive solo en un piso en Barcelona que era de su familia. Al ser un cura 'vago' -es sacerdote pero sin depender de ninguna diócesis, sin parroquia, sin dar misa-, no tiene sueldo de cura. Se mantiene por los libros que ha escrito, su trabajo como traductor en varias lenguas y con lo que le haya quedado de los millones de pesetas que admite haber ganado en televisión.
Misas rock y demonios
Apeles es la máxima representación de los curas mediáticos y un caso grave de adicción. Curiosamente, otro cura mediático pero 'mono', el padre Jony, estudió con él en el seminario de Tortosa: «Cuando le conocí, ya era como le hemos visto en la tele, así que no me extraña cómo ha acabado. Espero que le ayuden, aunque en general ha hecho más mal que bien a la Iglesia». Joan Enric Reverte (Amposta, Tarragona, 1968), nos sorprendió un día de 2005 en los telediarios con su grupo de rock y su alzacuellos y siguió copando programas, «algunos días teníamos hasta dos entrevistas y aún hoy atiendo una a la semana», dice. Desde entonces ha sacado dos discos, da conciertos, oficia misas rock con guitarras eléctricas como ofrenda, tiene una fundación para ayudar a jóvenes con problemas y acaba de poner en marcha Radio Palangana, que da voz a chavales de institutos. «Mi paso por televisión me ha ayudado a hacer todas estas cosas. Por ser conocido, después de los conciertos se me han acercado chicos que dicen haber dejado la droga gracias a mi música». Respeta la iniciativa del sacerdote de 'Gran Hermano': «Si está convencido de que es positivo...».
El exorcista José Antonio Fortea (Barbastro, 1968) también es conocido gracias a la tele; se le ha visto incluso en pleno enfrentamiento con el 'demonio', aunque siempre habla de lo suyo con seriedad. Ahora está en Roma haciendo su tesis sobre el exorcismo y su obispo le ha prohibido hablar hasta nueva orden. Los expertos dicen que a la Iglesia no le hace gracia que se hable de estos temas y le han dado un toque. Lo que pocos saben es que este teólogo especializado en demonología es una estrella en Sudamérica, donde llena estadios para asistir a sus ceremonias de imposición de manos, con las que, dicen, detecta a los posesos para posteriormente sanarlos.
«Estrategia de la Iglesia»
Los grupos católicos generadores de opinión tienen puntos de vista dispares sobre estos curas mediáticos. Luis Fernando Pérez Bustamante, director de la web infocatolica.com, que podría representar una visión más conservadora dentro de la Iglesia, recurre a la canción de Burning para referirse al caso de 'Gran Hermano': «Yo le preguntaría, ¿qué hace un cura cómo tú en un lugar como éste? Ha desobedecido las órdenes de su superior y eso indica por dónde va este hombre, que no está ahí como hombre, sino como representante de su congregación. ¡Aparece en calzoncillos y se mete en la cama con una chica! Eso no es normal. No pinta nada en ese programa. La fama es una tentación y ha habido muchos curas que han caído en ella». Como Apeles: «Ése no se apartaba de la doctrina. Pero se ha convertido en un juguete roto. Incluso ha pedido ayuda a la Iglesia, y yo espero que se la den, porque se está manteniendo gracias a Cáritas. El padre Jony es diferente, es de éstos majos, agradables con los jóvenes, aunque yo prefiera que el cura sea cura y ya está».
Por parte de un catolicismo más 'progre', José Manuel Vidal, director de Religión Digital, dentro de periodismodigital.com, considera que la Iglesia debe estar en todas partes: «Si las monjas están en la calle con prostitutas, si los curas trabajan con delincuentes, quizás con Gran Hermano se llegue más a los jóvenes. Habrá que hacer la valoración al final. ¿Sueño erótico? Los curas no son ángeles, mientras no lo lleve a la práctica por su voto de castidad...». En cuanto a Apeles, Vidal ha llegado a ofrecerle una colaboración retribuida, «pero dijo que no porque no se ve capaz».
Albert Riba, de la Unión de Ateos y Librepensadores, que dudan de muchas cosas menos de que Dios no existe, cree que todo forma parte de «una estrategia de la Iglesia para estar en todas partes. Parece que no está de acuerdo con algunos, pero los tolera y así consigue mucha más publicidad de la que podamos tener nosotros». ¿Una sugerencia para meter a un ateo militante en la casa de Guadalix?