No necesitaba el Menorca de tarjeta de presentación, pero, por si acaso, dejó la suya en Logroño. Un conjunto compacto, con un banquillo enorme y calidad a raudales dejó sentenciado el partido en los tres primeros cuartos, aunque el Knet opuso una loable resistencia al final, lo que le permitió con soñar, lejanamente, eso sí, con dar la vuelta al marcador.
El equipo riojano saltó demasiado bloqueado, permitiendo espacios en la pintura que pronto aprovecharon Urko Otegui y Dani Pérez. Lawal mantenía al equipo con sus rebotes y, a tirones, la diferencia se fue acortando (del 2-9 se pasó al 11-11) con buenas acciones defensivas. Al final del primer cuarto se llegó con una mínima diferencia de tres puntos gracias a un triple de Witt (16-19), pero el norteamericano ayer no empezó fino.
Los de Sala seguían endebles en su zona, permitiendo que los hombres altos de Menorca se moviesen con comodidad, mezclando el poderío de Coppenrath en la pintura con la versatilidad de Otegui y Morentín, ambos de muñeca flexible, en el exterior. El partido se rompió en el segundo cuarto, cuando Witt saltó a pista pasado de revoluciones y trató de, como en muchos otros partidos, echarse el partido a sus espaldas.
Llegaron los peores minutos del equipo. Cada buen ataque de los baleares era respondido con acciones precipitadas de los logroñeses. Mientras César Bravo anotaba del exterior, Zagorac erraba. Sólo un triple de Galarreta puso algo de luz a la tenebrosa situación del Knet (25-35). Pero la ventaja no dejaba de crecer con la presencia de David Navarro, Arteaga o Morentín.
La defensa no funcionaba y el ataque, el arma a la que suele fiar el equipo de Sala, estaba casi desaparecido. Las contras de los baleares eran mortales. Así, entre yerros locales y aciertos de un Menorca que funciona como un reloj, la diferencia al descanso se fue a los 16 puntos (30-46).
La reacción tampoco llegó de manera contundente tras el parón: los de José María Berrocal seguían mostrándose intratables. Muchos apoyos defensivos, transiciones rápidas y más acierto en el tiro eran las claves para explicar que la diferencia llegase a 21 puntos (36-57) a falta de cinco minutos para el final del tercer cuarto.
Resurrección de Witt y Bonds
La resurrección de Witt, con un par de individualidades, no fue suficiente para contrarrestar el cuajo de los visitantes. Si, además de a estos factores se suma un arbitraje desigual, demasiado permisivo con la defensa de los menorquines, no resulta difícil explicar por qué se llegó al final del tercer periodo con un contundente 48-66.
Había poco margen para la esperanza, pero en el último cuarto el Knet demostró que jamás da un partido por perdido. Un poco a lo loco, como le gusta al equipo, y gracias a las aportaciones de Bonds, Witt y Galarreta, la ventaja comenzó a limarse poco a poco, pero constantemente.
La defensa de los logroñeses se sobrepuso al mal inicio y permitió que la ventaja cayese hasta la frontera de los 10 puntos cuando quedaban apenas cinco minutos para el final del encuentro (58-68).
Galarreta tuvo, en un triple forzado, la posibilidad de llevar la diferencia a seis, pero el aro escupió la pelota y las esperanzas de los logroñeses. Al final, una derrota endulzada por el buen último cuarto y por el retorno de David -Navarro, que con 12 puntos volvió a dar fe de la calidad que atesora y que tan bien conoce la afición del Palacio logroñés.