La escasez de agua en los dos embalses de cabecera del río Iregua, el de Pajares y el González Lacasa, está obligando a realizar un esfuerzo adicional en el tratamiento del agua de boca que recibe Logroño y las localidades de su cinturón metropolitano que se nutren de la potabilizadora de Lardero (ETAP). Tras unos desembalses el pasado verano que dejaron ambos pantanos con 14 hectómetros cúbicos, en el límite de la reserva de abastecimiento para la capital riojana, y ante un otoño e invierno escasos en precipitaciones, el agua que recibe la ciudad acumula más materia orgánica en suspensión de lo habitual, obligando a realizar un tratamiento adicional en la potabilizadora.
«Estamos recibiendo agua del fondo del González Lacasa (acumula el 17% de su capacidad tras vaciarse el pasado otoño), que contiene más limos y por tanto nos llega con más turbidez», asegura el concejal de Medio Ambiente, Jesús Ruiz Tutor, quien señala que esta circunstancia obliga al Ayuntamiento a reforzar el saneamiento del agua cuando llega a la captación de Islallana y a la ETAP para limpiarla de impurezas.
Ruiz Tutor agrega, no obstante, que no es una situación alarmante en cuanto a la salubridad del líquido. «No es una cuestión de calidad del agua, que sigue siendo potable y muy buena para el consumo, sino de sus propiedades organolépticas, que al acumular más partículas en suspensión adquiere algo de sabor y olor que pueden notar algunos vecinos», explica el concejal de Medio Ambiente, insistiendo en que «el agua de Logroño no entraña ningún riesgo y sigue siendo de muy buena calidad».
Quejas de vecinos
El olor y sabor al que alude Ruiz Tutor ha sido detectado ya por algunos ciudadanos en varios puntos de la ciudad, que han hecho llegar sus quejas al Ayuntamiento y de las que también ha tenido conocimiento este diario. «No todo el mundo lo nota porque la depuración deja el agua con unas cantidades tan ínfimas de partículas orgánicas que hay que tener un grado de sensibilidad muy alto para apreciar sabor», señalan en la Concejalía de Medio Ambiente.
Desde que empezó a detectarse durante el otoño un aumento de la turbidez en el agua que llega a la captación de Islallana, el Ayuntamiento lleva gastados ya unos 60.000 euros para reforzar su limpieza (45.000 en productos para el tratamiento y el resto, gasto energético y mano de obra). El filtro de mayor capacidad de depuración que se emplea es el carbón activo que, en condiciones normales, consigue sanear el agua perfectamente, aunque «en una situación como la actual, de mayor concentración de materia orgánica, no logra dejar el agua completamente insípida e inodora», detalla el concejal de Medio Ambiente.
Más allá de las soluciones que se están aplicando al problema de turbidez en el líquido que llega a Logroño y a sus localidades limítrofes (Lardero, Villamediana y Alberite), la Concejalía de Medio Ambiente ha trasladado su preocupación a la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) con la intención de atajarlo de raíz. En una carta remitida al órgano regulador de la cuenca el pasado miércoles, el concejal de Medio Ambiente manifiesta su «más seria preocupación por la situación que actualmente presenta el sistema de embalses de la cuenca del Iregua».
El concejal de Medio Ambiente recuerda en su carta que el pasado año se desembalsaron los pantanos del Iregua hasta dejarlos en 14 hectómetros cúbicos, lo que supuso «una reducción del 50% de lo que se acordó reservar en la Junta de Explotación de la primavera del 2011». De los 32 hectómetros cúbicos que se preveían dejar en ambos embalses durante la primavera se descendió hasta los 14 hectómetros en octubre, un desajuste que desde la CHE se justifica por las necesidades derivadas de un verano muy seco. La situación, como es evidente, no ha mejorado mucho desde entonces por la falta de lluvia y nieve de manera que en la actualidad únicamente hay almacenados 16,3 hectómetros, sólo cuatro por encima de la reserva mínima de abastecimiento que requiere Logroño, que es de 12,5.
Medidas urgentes
Con este panorama, el Ayuntamiento logroñés demanda «medidas urgentes» y solicita que se desembalse más agua de Pajares y menos del González Lacasa, embalse éste último con más sedimento acumulado en el fondo al ser más antiguo. Además -se argumenta desde el Consistorio logroñés- el embalse de Pajares contiene en estos momentos cinco hectómetros cúbicos más de recurso que el González Lacasa.
La Concejalía de Medio Ambiente desea que con esta medida el cauce del Iregua alcance un caudal mínimo de 2.000 litros por segundo (a más agua, menos materia en suspensión), límite al que no se llegaba en días pasados aunque ayer el flujo había aumentado hasta los 2.200 litros por segundo, según los datos recogidos en la web de la CHE.
Ruiz Tutor demanda también una política «más prudente» en los desembalses de cara al futuro y plantea a la Confederación la necesidad de un abastecimiento alternativo para casos de necesidad.
«El embalse González Lacasa está más bajo que nunca porque este otoño ha llovido una miseria y no ha nevado más que una chispina el otro día», comenta Marcos Martínez Astola acodado a la barra de un bar de El Rasillo.
Lo que los ojos de este vecino intuyen lo confirman los datos que facilita la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE). El pantano situado entre Ortigosa y El Rasillo está al 17,1% de su capacidad, un 29% menos que su media histórica en este mes. Un poco más arriba, el embalse de Pajares adolece del mismo mal. Con un 30,5% de su aforo cubierto, contiene un 18% menos del volumen que es habitual en esta época.
«Y el canal de Villoslada, el que más agua aporta al González Lacasa, tiene la misma enfermedad porque este año la meteorología está al revés», diagnostica Marcos, quien contextualiza que, «normalmente, en enero caen las nevadas más abundantes» en la cuenca del Iregua. Este rasillano no oculta su preocupación, aunque apunta que aún hay margen para la esperanza. «Faltan los meses buenos, como abril, en los que llueve mucho».
A la lluvia también imploran en el curso bajo del Iregua. En Alberite, Roberto Martínez advierte de que «el río baja con menos caudal que nunca». «Otros años podía estar bajo, pero lo de éste es demasiado». Roberto traslada que, en esta localidad, «la gente dice que han quitado mucha agua de los embalses», ya que «en verano el Iregua traía mucho caudal y ahora falta».
La gestión del recurso
En la CHE insisten en que «no deciden la gestión» de los recursos hídricos. «Esto se acuerda en juntas de explotación y en la comisión de desembalse, en las que participan los usuarios», subrayan. Según la Confederación, «los pantanos se usan para cubrir unas necesidades (agua de boca, regadíos, usos industriales, ganaderos,...), no se guardan».
Así, la entidad que gestiona toda la cuenca de Ebro remarca que el pasado año hidrológico (que fue del 1 de octubre del 2010 a septiembre del 2011, cuando concluye la campaña de riegos) resultó seco y hubo que satisfacer las demandas de los usuarios. Y este ejercicio ha arrancado a su vez con escasa pluviometría, lo que deriva en la situación actual en la que las reservas de los tres embalses riojanos -Mansilla, González Lacasa y Pajares- se encuentran en estado de alerta, según el índice de sequía de la CHE.
El ente espera que este estadio remita en las próximas semanas, ya que invierno y primavera son las estaciones de reposición del volumen hídrico. No obstante, indican que en caso de que la falta de precipitaciones persistiese, «hay garantías para los usos principales en La Rioja, como el abastecimiento de agua de boca».