Tan hermosa como un águila real y sin embargo tan cainita como esta rapaz. Así se muestra la UD Logroñés consigo misma en su caminar por la liga. En pleno vuelo es preciosa, magnífica, brillante y por momentos grandiosa por su esfuerzo, verticalidad, originalidad y entusiasmo. Pero ya en el nido, cuando toca comer, independientemente del área en la que se encuentre, se comporta como ese ave rapaz que devora a su propio hermano con tal de librarse de la competencia. El cainismo de este equipo no tiene parangón. En el área contraria falla repetidamente, y en la suya tres cuartos de lo mismo. Y con mayor castigo. Ayer, tres puntos volaron porque Pablo falló en su primera decisión del partido al no atajar bien un balón. Pino lo aprovechó a la perfección. Así que el primer tiro en el pie. Y el partido se cerró como lo empezaron. Tras un vuelo majestuoso durante toda la segunda parte, ya en el nido, conformándose con el empate quizás; más de lo mismo. Cainismo por vena y manos de Manu García en el área que, como suele ser normal este año, el colegiado vio tan claro que acabó expulsando al jugador inapropiado, como en Vitoria, aunque esta vez el castigado fue Ormazábal. Fran Dorado acertó la pena máxima y de nuevo el nido quedó vacío de puntos y repleto de malas sensaciones.
La imagen del equipo al término del encuentro impresiona hasta provocar la congoja. La rutina perdedora de esta plantilla se manifiesta en cada detalle, casi en cada decisión. Casi nada sale porque no está por salir. Ni más ni menos. Existe un problema que nadie es capaz de reconocer y que, por lo tanto, nadie sabe solucionar. El equipo lo hizo ayer todo para sumar tres puntos -como la semana pasada en Las Gaunas-; para haber ganado con relativa comodidad, pero su afán por inmolarse y la fortuna mal entendida hace que el futuro no sea nada halagüeño.
Fallos individuales puntuales, tanto en ataque como sobre todo en defensa, impiden que esta plantilla sume de una vez por todas lo que ellos ya califican como «una maldita victoria». Dos balones al larguero, otro penalti en contra más, dominio casi aplastante, juego en ocasiones plástico y vertical poco habitual en esta categoría. Da igual porque los fallos siguen primando sobre los aciertos y ya van siete partidos.
Profesionalidad
Ayer, como la semana pasada ante el Zamora, ningún jugador es sospechoso de falta de actitud. La entrega, el compromiso, la valentía, el cuerpo a cuerpo, la pelea, la garra, la constancia, la profesionalidad están en estas dos últimas jornadas, cuando ha habido que arrimar el hombro de verdad, fuera de toda duda. Tanto que por momentos el rival estuvo ayer desarbolado. La UD Logroñés voló tan alto en su juego que se acabó estrellando contra su propia ineficacia defensiva y ofensiva.
Sin embargo, el árbol no puede impedir ver el resto del bosque. Ayer fue el rival el que se quedó con un hombre menos durante 35 minutos. Ayer el que estaba por debajo en la tabla era también la Gimnástica Segoviana. Ayer, como casi en estas últimas siete jornadas (cinco derrotas y dos empates) quien celebró fue el equipo rival. Así que parece ha llegado el momento de otro cambio radical. Conviene olvidarse de aquello ya lejano de la fase de ascenso. Y asimilar cuanto antes que esta temporada el gran reto y para el que conviene prepararse cuanto antes será salvar la categoría, un objetivo mucho menos noble pero no por ello menos complicado, porque la historia del fútbol advierte que torres más altas han caído.
Quizás la solución pasé por dejarse de una vez por todas de automutilarse hasta el dolor extremo, como reflejaban las caras de los futbolistas de la UD Logroñés, despedidos como héroes de Segovia a pesar de una nueva derrota cainita.