Un radiante aspecto de gala lucía el Auditorio Riojafórum, con lleno absoluto hasta el palo de la bandera, para ver a nuestra Orquesta Sinfónica y Coro Sinfónico de La Rioja enfrentarse a una obra emblemática del repertorio sinfónico-coral, la cantata escénica 'Carmina Burana'. El resultado no pudo ser más satisfactorio y mucho más si tenemos en cuenta que el coro tiene todavía una corta andadura como para acometer una obra de esta envergadura y que la orquesta está compuesta mayoritariamente por jovencísimos estudiantes. Pues lo consiguieron y ¡vaya si lo consiguieron!, aquello sonó espectacular, muy por encima de lo que podía esperar y les puedo asegurar que salí -todos salimos- no sólo con satisfacción, sino con el orgullo de tener en La Rioja unos grupos musicales tan valientes y de tan buen nivel (¡y además tan baratos!).
Yo trastocaría el título inicial 'Fortuna Imperatrix Mundi' por 'Trabajo Imperator Mundi', porque lo que quedaba en evidencia es el trabajo extraordinario que se había hecho para sacar una Carmina Burana tan espléndida, y eso tiene nombre y apellidos, José Luis Barrio Bastida, este excelente director que tenemos la suerte de tener en La Rioja y que en pocos años ha conseguido elevar de forma increíble el nivel de la orquesta hasta poder enfrentarse con suma dignidad a obras grandes del repertorio sinfónico y construir en un tiempo record un coro sinfónico de alto nivel listo para empresas musicales importantes.
Muy bien elegidos los tres solistas, empezando por la soprano Eva del Moral que lució una voz de hermoso timbre y técnica soberbia al servicio de una exquisita línea de canto. El barítono colombiano Sydney Giovanny Jiménez Moscoso afrontó con enorme solvencia su difícil papel, algo escaso de graves pero con unos brillantes agudos casi tenoriles. El contratenor Sergio Garzía Agustín es un 'animal escénico' y dio vida a su pequeña intervención en 'In Taberna' con una graciosa escenificación de la borrachera, aparte de un ponderado canto.
El coro es el gran protagonista de esta popular obra del siglo XX (reple
ta de variados motivos rítmicos que le aportan una inmensa vitalidad claramente contagiosa) y el Coro Sinfónico de La Rioja brilló con un sonido, una fuerza y un empaste extraordinarios, adaptado como un guante a la batuta de José Luis Barrio, que llevó la obra con intensidad y absoluto control, sin el menor decaimiento. La orquesta, aun a pesar de su alto componente juvenil, supo mantener el tipo y dar lo mejor de sí mismos, destacando especialmente la espectacular percusión y los comprometidos metales, sin olvidar el buen sonido de las maderas y las buenas prestaciones de las cuerdas.
Después de este indiscutible triunfo, no sé qué próximo desafío serán capaces de abordar estos arrojados músicos y coralistas, ¿el inmenso Requiem de Verdi quizás? ¡Ánimo! y un aviso: señor director general de Cultura, señor consejero de Cultura, señor presidente de La Rioja, ahí tienen ustedes algo para apoyar sin complejos y, aun en estos momentos de necesarios recortes, no olviden que hay proyectos culturales como éste que merece la pena apostar fuerte por ellos porque rentan el ciento por uno en términos culturales. Comparen si no.