Se refieren al mismo como «un simple un rodeo»... una vueltecita de más que para quien conoce la zona no entraña problema alguno y que para quien la desconoce tiene en la falta de aparcamiento su principal problema. El desvío del tráfico en la avenida de Burgos ha pasado el examen de los principales afectados, que aprueban el mismo como un mal necesario.
Las lógicas molestias que causa cualquier obra son entendidas por la mayoría: desde los concesionarios hasta los comercios de la zona pasando por el colegio Paula Montal, quienes aseguran que en su caso la entrada y la salida de los alumnos de Infantil y Primaria, aquella que podría acarrear las protestas de los padres por aquello de llevarles a clase en coche, no se ha visto alterada lo más mínimo al desarrollarse ya desde antes por la calle Guipúzcoa.
«Nos afecta desde el momento en el que nos vemos obligados a entrar por otro sitio y en el sentido de que nos hemos quedado sin aparcamiento», explica comprensiva Virginia Martínez, gerente de Autoforma, concesionario oficial de Ford en Logroño. Y es que se da la coincidencia de que en el tramo cortado son varias las casas de coches que desempeñan su actividad. «Si el sector automovilístico está ya mal de por sí... imagínate ahora con las obras», se bromea en los mismos.
A los problemas de acceso y falta de aparcamiento se suman las lógicas molestias causadas por el polvo y la suciedad. «Tenemos que estar limpiando los coches cada dos por tres», dicen en Lexus. Justo enfrente, en Japoauto, ponen de manifiesto que incluso la entrada al taller estuvo cerrada un día entero. «Las obras son así... paciencia», reconoce Teodoro Narvarte, jefe de postventa del concesionario oficial Toyota. Prueba de que los clientes siguen yendo es que esa misma mañana varios de ellos llamaron interesándose por cómo acceder a los distintos concesionarios ante el anuncio del corte.
Menos suerte parecen tener negocios como el Café Lucronium. «Se ha notado ya esta misma mañana en los desayunos», confirma la camarera haciendo referencia a una caída del negocio pero que, pese a todo, asume y entiende. «Algo lo notaremos, pero dentro de lo que cabe...», dice María Santo Domingo, de Mora Sofás. «En estos momentos de crisis es muy fácil echarle la culpa a la obra», apostilla Beatriz, de Lámparas Bavaria, quien sentencia que la calle «no podía seguir como estaba».
Mientras tanto, los vecinos esperan impacientes a ver la obra concluida y la avenida «como Dios manda». Unos y otros aseguran que tanto desde el Ayuntamiento de Logroño como desde la empresa constructora les tienen perfectamente informados de los pasos a dar. «Paciencia, no queda otra», es lo más repetido.