Qué ambientazo. Ayer ya era San Mateo, el de verdad, el que empuja a la diversión en el Adarraga. Día de fiesta grande, por tanto y espectáculo en la cancha. Irujo en estado puro. Si a eso se añade una hinchada ávida de entretenimiento con un pelotari de la casa en la cancha, ya no se puede pedir más. Irujo y Merino se llevaron el primer punto del grupo A en el torneo gracias a su neta superioridad sobre la pareja formada por Bengoetxea VI y Ruiz. Ninguno de los dos fue sombra de lo que fueron el año pasado. Un año da para muchas vueltas. Subidas y bajadas y ahora la pareja de Asegarce no está, precisamente, en el techo de su forma.
Bengoetxea se multiplicó en la delantera, pero la mayor parte del tiempo en labores de achique. Irujo salió decidido a apoyar al riojano y lo hizo perfectamente. Claro que, atrás, Miguel lo bordó. Sujetó a Ruiz, otro estilista del golpe, pero tiempo atrás más explosivo. Suple, eso sí, con técnica y clase, lo que la dinamita le ha usurpado con el paso del tiempo.
El de Ibero se cuadró en el cuatro y no dejó pasar ni una. Siempre tuvo atrás la tranquilidad de saber que el de Villar de Torre le cubría las espaldas. Se dejaron el resuello los ganadores y, por momentos, eran ellos los que llevaban las pulsaciones y el gesto descompuesto, en lugar de sus oponentes.
El descaro y la casta de Bengoetxea le hizo rehacerse un poco después de venir de un 6-18 adverso. El de Leiza sabía que atrás no encontraba el aliado ideal. A Ruiz se le ha colocado en el programa del Adarraga porque es terreno propicio para él, pero el estellica no está.
El que sí evidenció mejoría fue Irujo. Tiene tanta clase en sus brazos que, incluso estando al cincuenta por ciento, es capaz de salir airoso. Hasta el 5-14 lo hizo todo y todo bien. Luego pasó un poco más desapercibido en la faceta anotadora, pero generó tantos quebraderos de cabeza en sus rivales, que ellos le hicieron el trabajo de subir los tantos a su casillero al fallar los tantos.
Y Merino, mientras tanto, a lo suyo. Aquella máxima de Lasa cuando jugaba con Titín se la aplicó el de Villar de Torre. El de Echarri decía: «Yo, cuando juego con éste ya sé lo que tengo que hacer. Aguantar. Que para acabar ya está él». Merino trabajó en su parcela. Se preocupó de quitar el aire a su rival, dominar a su par y cuidar los ángulos muertos de su compañero. El abecé del zaguero. Merino cumplió bien su trabajo. Con eficacia y aseo. Siempre buscó el pelotazo cruzado y obligar a Ruiz y no falló.
Irujo trenzó tres tantos seguidos en el tramo del 12 al 14 en el que ganó una carambola de volea a resto, una alcanzada y cruzada al ancho majestuosa y una volea al choco que elevó la temperatura del frontón al máximo. Ahora volverán a la cancha el jueves contra Xala y Laskurain. Esa será otra historia.