María San Gil (San Sebastián, 1965) pasó de ser durante años el icono del PP en el País Vasco a dejar en el 2008 la política y su partido de siempre, donde primero fue heroína y luego figura incómoda. Esa ruptura, el cáncer de mama diagnosticado en el 2007 y sobre todo sus vivencias en la primera línea de la dura batalla que se libra en Euskadi es lo que condensa en la obra que trajo ayer hasta Logroño de la mano del Espacio Fundación Caja Rioja-Santos Ochoa.
-¿Hay en 'En la mitad de mi vida' alguna confidencia que ha optado por reservarse para sí misma?
-Nunca he sido una mujer de secretos. Cuando ejercía como política y hacíamos comidas con periodistas como usted me decían que si esto era en off, lo otro en on... Y yo les contestaba: me da igual, porque yo os voy a contar lo mismo. He escrito las cosas con la mayor sinceridad porque, además, ir con la verdad por delante es la mejor manera de manejarse por la vida.
-¿Cómo ha repercutido esa sinceridad en su carrera política?
-Creo que ha sido positiva. Cada uno debe ser como es, y mientras a otros les van más las argucias y las artimañas, lo mío es hablar claro y ser contundente. Hay veces en que eso es políticamente más o menos correcto, pero yo no voy a cambiar en función del momento o los intereses de los demás.
-El hecho es que en muy pocos meses pasó de ser valoradísima, especialmente fuera del País Vasco, a no encajar en el PP.
-Ni antes era idolatrada ni ahora me siento denostada. Si la gente me quería es porque yo representaba a miles de vascos que se dejan la vida por defender principios esenciales que van mucho más allá de la ideología política. Soy consciente de que he hecho algo muy raro que es dejar la política. Lo razoné desde la honestidad, no doy la tabarra y punto. Ahora he escrito un libro, y si algunos de mis excompañeros se toman la molestia de leerlo, verán que no me meto con nadie.
-¿Cuáles guarda como los momentos más amargos y más dulces de su carrera?
-El más duro, sin duda, fue el asesinato de Gregorio (Ordóñez) que provocó mi paso a la política. Hay otros más íntimos como el no poder ir a fiestas de los pueblos ni llevar a mis hijos a la parada del autobús. También esas miradas amenazantes en medio de la calle, aunque que determinadas personas me miraran es una honra. Momentos positivos ha habido muchos, y son con los que me quedo. Me siento privilegiada por haber presidido el PP vasco y conocer militantes y ediles extraordinarios. Compartir experiencias con muchas víctimas del terrorismo a las que admiro profundamente y tener jefes como Aznar, Mayor Oreja o Acebes de los que he aprendido muchísimo.
-¿Cabe ser tibio en un País Vasco con escoltas y el nombre de muchos escritos en una diana?
-Hay cosas innegociables que no se deben tolerar, y si alguien quiere imponerse por la fuerza hay que rebelarse también con toda la fuerza del mundo y la ley en la mano. Cuando existe una banda de asesinos y vivimos faltos de libertad, lo políticamente correcto es intentar ofrecer la derrota al terrorismo, buscar el fin de esa banda que lleva 40 años amargándonos la vida. ¿Que se quiere hacer de una forma más suave o menos firme? Veremos los resultados con el tiempo.
-¿Cómo juzga en ese contexto la entrada de Bildu en las instituciones vascas?
-Es un retroceso democrático brutal. Si nos cuentan hace seis meses que Bildu iba a tener la Alcaldía de San Sebastián y la Diputación de Guipúzcoa no lo hubiésemos creído. Ello nos debe llevar a una reflexión de qué está pasando y cómo puede ser que una sociedad que ha vivido décadas machacada por el terrorismo tenga representantes así que están más cerca de los familiares de los presos que de los de las víctimas. Es intolerable. Hay un cambio hacia atrás que no va a ser nada bueno para el futuro en convivencia y libertad de la sociedad vasca. Y ese es el análisis de ETA: 40 años de terror y 858 asesinatos después, van a hacer a través de las instituciones lo que no han conseguido a través del terrorismo.
-La izquierda abertzale arguye los 300.000 votos cosechados.
-¿Si mañana sale un partido que defiende la pena de muerte, vamos a apoyarlo porque la gente le ha votado? ¿Haremos lo mismo si sale otro que defiende que la raza blanca es superior a la negra? ¿Y si viene un partido nazi, se implanta en el País Vasco y después de 40 años con un mejunje de asesinatos, extorsión y miedo hace que ganen elecciones? Que la gente vote a Bildu no hace bueno su proyecto y hace pensar que la sociedad vasca está enferma. No me puedo creer que hay 300.000 personas que no quieran condenar a ETA, y sin embargo veo a Garitano mucho más cerca de los verdugos que de las víctimas. Me siento decepcionada y más convencida si cabe de que en mi época hicimos las cosas como se debía. Aunque no tengo una bola de cristal, en el 2008 ya se veía por dónde se iba. Por eso me fui.
-¿Confía en un giro en las elecciones generales del 20-N?.
-Otro gobierno del PSOE sería terrible, y lo único que espero es que la situación cambie porque España lo necesita de forma urgente y la situación es muy complicada.
-¿Aunque el cambio llegue de la mano de Rajoy?
-Como le digo, la situación es muy complicada. No le digo más.