Arrolló a un ciclista, se dio a la fuga y cuando pudo ser interceptada por la Guardia Civil el control de alcoholemia que se le practicó superó en cinco veces la tasa máxima permitida (1,25 frente a 0,25 mgr/l de aire espirado). El deportista, afortunadamente, sólo sufrió magulladuras y contusiones por todo el cuerpo además de perder la bicicleta que quedó «totalmente destrozada», aseguró.
El pasado domingo, a primera hora, el ciclista partió de Logroño en un paseo matutino que le debía haber conducido por Villamediana hasta Clavijo. Sobre las 11.15 horas, a la altura del puente que cruza la autopista -de acuerdo con el relato de la víctima- notó un impacto muy fuerte y dio varias vueltas de campana. «Yo no sabía que había sido un coche porque no vi nada», prosigue su relato. Él circulaba despacio porque ese trayecto es un inicio de cuesta y en ese momento «sólo pensé que había explotado una rueda». Caído sobre un terreno, fue auxiliado por varios conductores que se detuvieron ante el accidente, todos menos la mujer que lo provocó que continuó su trayecto en dirección a Villamediana.
Algunos testigos lograron identificar el modelo del turismo y el color pero no la matrícula. Uno de ellos le siguió con su vehículo y avisó a la Guardia Civil, que, por fin, pudo interceptarla en Ribafrecha. Allí, los agentes le practicaron la prueba de alcoholemia que dio una tasa de 1,25 (0,25 mgr/l. es el máximo permitido).
El ciclista, que no perdió en ningún momento el conocimiento, agradece la ayuda de las personas que le atendieron en la carretera, «especialmente la de una pareja que se quedó conmigo» y, tras el susto, no duda en reconocer que aún tuvo suerte: «Si me hubiera golpeado en un tramo un poco más adelante, habría caído a la autovía y hubiera sido peor».
El hombre tuvo que ser atendido en el hospital San Pedro y ahora se recupera en su domicilio durante unos días. «Tengo dolorido todo el cuerpo, lleno de hematomas, un golpe en la cabeza -y eso que llevaba el casco- y una rotura de fibras».
La bici ha quedado destrozada -«tiene las dos ruedas rotas, el cuadro, la horquilla...»- pero lo que más lamenta es la actitud de esta persona: «Estoy dolido con la actitud de esta señora porque no era una cría. Ni siquiera se ha molestado en telefonearme para preguntarme qué tal me encuentro».