El deporte es internacional, ha servido de unión y de pasatiempo, algo que ha puesto en práctica en Mauritania el logroñés Fernando Olivenza. En uno de los países más pobres del mundo, Olivenza ha introducido en el deporte del que él es cinturón negro a veinte niños y cinco adultos. La idea surgió hace unos meses cuando le comentó a un misionero al que conocía de otros viajes al país, el padre Jerome, su idea de dar clases de judo a los jóvenes. La idea le gustó y, gracias a los cinco judogis que le donó el gimnasio Pedro Fernández, pudo empezar a impartirles un deporte desconocido para ellos.
El propio Francisco se quedó perplejo el día que llegó a la ciudad. Sin tatamis, sobre las baldosas y sólo con la ayuda del padre Jerome, parecía imposible el éxito. Pero, sin embargo, cinco niños acudieron a la primera clase introductoria. La cifra se multiplicó las jornadas siguientes. Las clases se realizaban en la capilla de la iglesia, sin colchonetas. «Yo pensaba que era imposible hacer judo sin tatami, pero allí comprobé que no. Ahora que estoy otra vez aquí caigo en la colchoneta y me acuerdo de ellos», indica Olivenza.
La labor humanitaria continúa a pesar de que ya no se encuentra allí, por eso su intención es conseguir más judogis, tatamis o «lo que sea» y que los pequeños de Nouadhibou puedan seguir disfrutando.
«Los niños eran como esponjas, absorbían todo y siempre tenían ganas de aprender más cosas», prosigue. Las clases estaban diseñadas para durar una hora pero no siempre. «Había días que me preguntaba dónde estaba y seguía en clase, a veces durante dos horas y media y los chavales encantados», incide. Incluso los curas se animaron a probar este arte marcial: «Sólo me quedaron las monjas», explica entre risas.
Ahora, la intención del riojano es volver y hablar con las autoridades para crear una pequeña escuela, pero lo primero es conseguir material y que la gente se implique con la causa. De momento ya ha conseguido que varias empresas le ayuden y que pueda enviar veinte judogis más, pero todo es poco en un país donde sólo sobra la miseria.