Mucha diversión, convivencia y aprendizaje. Esos son tres de los aspectos más importantes sobre los que se articula el campamento para niños y jóvenes trasplantados y a la espera de un trasplante de riñón que tiene lugar en el centro de convivencia Maristas de Lardero.
Veintisiete pequeños que ya han superado la operación y otros 13 que están inmersos en el proceso previo se juntan en esta iniciativa impulsada por ALCER (Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha Contra las Enfermedades Renales). «Son niños que se encuentran en una situación similar, pero en distintas etapas, y lo que buscamos es que aquéllos que todavía no han sido trasplantados vean cómo puede ser su futuro y que los que ya han pasado por la operación hagan de 'profesores' del resto», explica Juan Carlos Julián, coordinador de la propuesta.
Además de este intercambio de experiencias tan enriquecedor, en el campamento, como no podía ser menos, no faltan momentos para pasárselo de la mejor manera posible. «Queremos que los chicos hagan lo que haría cualquier otro niño en otro campamento», cuenta Julián. Por esa razón, las actividades programadas para los inscritos en la iniciativa son muy variadas. Juegos, deportes y visitas son sólo algunas de ellas.
Entre los jóvenes que ya se han sometido al trasplante hay uno que reside en Logroño: Jorge Ribera, que lleva ya ocho años siendo parte activa de esta idea que va pasando por diferentes ciudades españolas. Jorge agradece que se lleven a cabo actividades de este tipo en las que personas como él pueden transmitir sus experiencias. «Muchos de los chicos y chicas llegan con mucho miedo al trasplante y nosotros tratamos de ayudarles en todo lo que podemos», cuenta. «Además, intento transmitirles que se cuiden lo mejor que puedan y que se relajen durante estos días», añade.
Para tratar de que todo se desarrolle sin complicaciones, la organización cuenta con 52 personas, entre psicólogos, monitores, enfermeras y demás coordinadores, que se encargan de velar por el buen estado de los participantes. Entre ellos, algunos también saben lo que es enfrentarse a un trasplante de riñón.
Un ejemplo es Julio Bogeat, uno de los psicólogos. «Cuando les hablas en primera persona, te encuentras con una apertura total», indica. «Trato de transmitirles mucha fuerza, inculcarles la importancia de ser responsables y enseñarles a ser autosuficientes», apunta. Otro ejemplo es Mario Barbero quien, tras participar como acampado, ahora es monitor. «Como yo he pasado por lo mismo que ellos, me tratan más como un amigo que como a un 'jefe'», asegura.
Las jornadas se prolongarán hasta el próximo 3 de julio, momento en el que estos chicos y chicas de 8 a 17 años volverán a su vida habitual, aunque lo harán cargados de energía y de esperanza tras haber pasado unos días de convivencia inolvidables.