Quinientas personas -el máximo admitido- participaron ayer en la III Travesía de Santurde de Rioja, una iniciativa organizada por el Ayuntamiento que, con el entorno natural que rodea a la localidad como la mejor excusa, combinó a la perfección deporte, entretenimiento y convivencia. Tampoco faltó la gastronomía, que además de en la comida popular que cerró la caminata, tuvo otra referencia en el segundo de los avituallamientos. Después de la fruta repartida en el primero, nada mejor para reponer fuerzas y darle una alegría al estómago que una buena chistorra a la sidra, regada con vino o agua.
Es un ejemplo más del carácter de la prueba, en absoluto competitiva, sobre la que el alcalde en funciones, Isaac Palacios, apuntaba dos notas: una, los montes que rodean la villa. «Ése es nuestro principal recurso», subrayó. La otra, el numeroso grupo de vecinos que no dudó en arrimar el hombro en diversas labores. Por ejemplo, en pelar los 250 kilos de patatas que, junto a más de cien de cordero y otros ingredientes, se cocinaron en siete grandes perolas, rápidamente vaciadas después entre los comensales que llenaron la plaza del municipio. O en preparar más de 400 raciones de chistorra, en colocar mesas, sillas... «La unión de todo el pueblo es lo verdaderamente admirable», señaló el regidor municipal. «Sin todos ellos, no podríamos hacer esto», añadió, orgulloso, mirando al ajetreado trasiego que reinaba junto al edificio consistorial minutos antes de que, a las 10 horas, el disparo de un cohete diera el esperado banderazo de salida a la travesía. Con él, una larga fila humana comenzó a estirarse en dirección a los cercanos montes, en los que introdujo una tonalidad diferente -el color vino de las camisetas de los senderistas- al unánime verde enmarcado bajo el cielo azul que acompañó a los caminantes, entre los que había personas de todas las edades: niños, jóvenes, abuelos... La travesía crece, y aunque cada año se ha ido ampliando el cupo de participantes, siempre se queda pequeño. «No sé dónde estará el límite», se preguntaba Palacios.