Comienzo censurándole a la vida el que, al menos para situaciones concretas, el don de la ubicuidad no nos sea factible. Concretamente el pasado sábado 26 de marzo me hubiera sido de gran utilidad. Ese día, a las 11,45, hubiera debido acudir a Nalda. Pero no pudo ser. Un compromiso ineludible y anterior me impidió asistir a la entronización de su, por fin, recuperada talla.
A partir de aquí desgrano las disculpas a quienes, conste que sin intención y con pesar, les fallé sin quererlo. Comienzo por ti, Jesús Ramírez, querido y respetado Amigo a quien me duele muy intensamente haberme visto obligada a responderte, no. Tú siempre «estás ahí». Por mucho que te abrume la tarea tu respuesta siempre parte afirmativa. Gracias, Jesús. De verdad que lo siento.
Continuo con Ignacio Subero, párroco de los que a mí me agradan, involucrado totalmente en cuanto atañe a su feligresía tanto a nivel humano como en aspectos que hayan de ver con la religiosidad y el espíritu. Le conocí de poeta-niño en Calahorra, su ciudad de origen. De entonces acá, pese a la distancia geográfica a que a veces le obliga su abnegada y apostólica labor, continuamos comunicándonos, bien sea por teléfono, o haciéndonos saber que aquí seguimos a través de Internet. Es bueno que la tecnología salvaguarde el afecto.
Y ya que ando metida en alusión al clero, obligado se me hace disculparme también con Jesús Larios, sacerdote a cargo de la localidad que fue y hombre amante de la fraternidad y la palabra que sigue siendo y que será por siempre.
Mención «disculpatoria» merece también Enrique Martínez Glera, involucrado como ha estado en el asunto de la recuperación de la mencionada imagen y entusiasta propagador del empeño de algunos de los habitantes de la localidad por izarla de nuevo a su lugar de origen. Precisamente el pasado 26 de marzo le escuché dirigiéndose a sus oyentes radiofónicos al objeto de informar sobre los actos programados.
Si alguien se ha hecho merecedor de disculpas por mi parte y honores por la de todos los riojanos, es la más que entusiasta y reivindicativa Asociación Panal. Volcada con su pueblo, solidaria con quienes lo necesitan, abierta a las razones y aupada en la solidaridad, es un muy claro ejemplo de cuanto con unión y alguna dosis larga de entusiasmo y entrega se puede conseguir. Valiéndose únicamente del esfuerzo de un grupo, están consiguiendo que todos estemos al tanto de que Nalda -como sucede con Teruel- también existe. Potenciando sus productos y en gesto de señera identidad, muestran su pueblo con el orgullo de quien hace cuanto puede por situarlo en alza.
Si el sábado 26 se centró su meritorio esfuerzo en la celebración por el hito que ha supuesto la recuperación de su ya famosa talla ayer, 2 de abril, lo fue en la fiesta del ciruelo en flor. Y ahí siguen con su empeño.
Hace escasos momentos, escuchaba de nuevo a través de las ondas al gran experto en arte Enrique M. Glera, censurando en cierto modo -mejor, en modo cierto- la trascendencia que ha tenido fuera incluso del país la odisea de recuperar la imagen perdida, y el casi nulo que a esa buena noticia se le ha dado en La Rioja. Recuerdo aquí la observación que a tal efecto me hizo un día un conocido músico catalán. En Cataluña se apoya prioritariamente a lo que -en cualquier aspecto- procede de esa tierra. Pero en La Rioja no. En esta tierra vuestra y mía, Riojanos, o estás notoriamente del lado de quien tiene el privilegio de poder apoyar, o te estrellas de bruces contra el 'jodido' suelo. Conmigo o contra mí. Y no señor. Que no es así la cosa.