Enrique Morente se acerca al 'Guernica' y se queda quieto. Mira al monumental cuadro de Picasso y le pide a Emilio Ruiz Barrachina que le deje solo cinco minutos. Se hace el silencio y el genio granadino observa el cuadro. «Ya sé lo que quiero hacer. Quiero tumbarme en el suelo. Después voy a representar a las figuras del cuadro, que encajarán a la perfección con las imágenes del Liceo», le espeta Morente al director madrileño. Dicho y hecho. Barrachina pone en funcionamiento toda la maquinaria para grabar a Morente, que empieza a moverse por el Reina Sofía. «Tenía razón. No hubo que hacer nada. Las secuencias del Liceo y las del museo son perfectas. Era un genio», asegura Barrachina.
El realizador madrileño y el cantaor se juntaron durante un año para plasmar en una película, 'Morente. El barbero de Picasso', la peculiar relación del granadino con el pintor que se presenta mañana en el Festival de Málaga y se estrenará en las salas el 8 de abril. El rodaje de este largometraje musical duró un año y terminó el 1 de diciembre, un día antes de que el cantaor ingresase en la madrileña clínica de La Luz. Falleció el 13 de diciembre. «No se ha grabado ni un solo plano desde esa fecha», comenta Barrachina, todavía emocionado por el abrupto adiós del maestro.
Los dos se conocieron cuando el realizador presentó en el 2006 el largometraje documental 'Lorca. El mar deja de moverse'. «Se puede decir que Lorca me 'presentó' a Picasso y a Morente. Suena extraño, pero es verdad. Esta película se ha convertido en una historia de gente que no está», reflexiona el director. Enseguida les unió el mundo lorquiano, el disco 'Omega' y todas sus variantes. Dos años más tarde, Morente publica 'Pablo de Málaga', un disco que para Barrachina «está a la altura de 'Omega', aunque es más novedoso porque pone música a textos de Picasso, una faceta desconocida».
Volvieron a hablar y surgió la idea de grabar una película con varios conciertos irrepetibles. Morente tenía la libertad de mostrar lo que quisiera. En sus charlas con el director planificó la película en cuatro partes que denominó con los cuatro elementos de la naturaleza.
Aire y familia
La primera parte del largometraje sería la tierra, que Morente relacionaba con la creación y los ensayos. «Es una parte que no se había grabado nunca, el cómo da indicaciones a los músicos, cómo juega con el silencio, que era una cosa que le encantaba», apunta el director. El aire era su familia, que todavía no ha podido ver la película. La herida está todavía muy reciente. «No sé qué harán en Málaga, si podrán quedarse a la proyección por la emoción». Barrachina asegura que Morente necesitaba volver a Granada entre concierto y concierto aunque fuera por unas horas. «Una de las cosas más bonitas de la película es cómo el rescata el tema de la familia y la amistad».
La tercera sección es el agua, lo que el cantaor andaluz denominaba «el origen de todo». Ahí se aprecia el concierto en la localidad madrileña de Buitrago de Lozoya, localidad natal de Eugenio Arias, el verdadero barbero de Picasso. Fue la única persona que le podía tocar la cabeza al genio, la cual besaba en cada corte; hizo de secretario, para evitar visitas molestas y fue el único que le veló su cadáver por expreso deseo de Picasso. «Eugenio le puso la capa de Seseña que envuelve al pintor», apunta Barrachina. «Fue un concierto lleno de unas alegrías y unas bulerías espectaculares, con letras mezcladas de Alberti y Lorca», indica el realizador, que usó siete cámaras.
Y por último, el fuego o la fusión. La parte más picassiana, grabada en el Liceo de Barcelona el día de la Mercè (24 de septiembre). «Estaba pletórico. Algunos críticos han dicho que fue el mejor concierto de su vida. Estaba entregado y eso se ve. Es la única vez que he visto a la gente aplaudir en medio de las canciones. Y ahí está en la película». Pero en estos tres conciertos, el genio no pudo cantar 'Ángel caído', de Antonio Vega. Era un empeño suyo pero por el desarrollo de los conciertos, con un repertorio abierto, nuca salía. «Siente algo muy especial con esta canción. Antonio Vega se la dedica a Van Gogh y Morente la ve para Picasso. Él quería grabarla. Había que dejar a Morente ser Morente».