Una carrera de obstáculos

La asociación recuerda que adaptar los edificios para las personas con movilidad reducida «no sólo implica eliminar escalones»

LUIS JAVIER RUIZ LJRUIZ@DIARIOLARIOJA.COM ,LOGROÑO.
Tomás y su mujer, Mari Cruz, intentan acceder al Colegio de Abogados. Minutos después bajó un trabajador para ayudarles. ::                             JUAN MARÍN/
Tomás y su mujer, Mari Cruz, intentan acceder al Colegio de Abogados. Minutos después bajó un trabajador para ayudarles. :: JUAN MARÍN

Si una mañana de gestiones por el centro de Logroño es para cualquier ciudadano un auténtico calvario -tráfico, semáforos, esperas...- completarla en una silla de ruedas puede convertirse en una particular y compleja carrera de obstáculos. Accesibilidad. Esa es la clave. «No queremos dar pena. Sólo pedimos una cosa: mismos derechos, distintos medios». La frase es de Tomás Sainz, de La Rioja Sin Barreras, una asociación que agrupa a 160 personas con problemas de movilidad que nos propone un singular recorrido por varios lugares de la capital que aún no están adaptados. Detrás está un caso particular: el de los problemas que tuvo una joven para acceder a los Servicios Generales de la Seguridad Social (Capitán Cortés, 8) y a la Comisaría de la Policía Nacional para renovar el DNI.

Junto a Tomás Sainz, Félix Fuertes Cillero, secretario de La Rioja Sin Barreras, ejerce de 'guía' por las barreras logroñesas. «Los problemas más básicos están, en gran medida, solucionados, aunque igual no de la manera más adecuada», prologa el secretario antes de criticar que, en muchas ocasiones, «la accesibilidad se esconde en la puerta de atrás».

¿Dónde se pueden encontrar los principales problemas? Tomás y Félix empiezan a enumerar: el Colegio de Abogados (escaleras); el aparcamiento del edificio 'La Bene' (sin ascensor a la superficie); el de Riojafórum (pendientes elevadas para subir a la entrada principal); la oficina del Defensor del Pueblo (escalones intermedios); la del Defensor del Usuario de Salud; el Ayuntamiento de Logroño (la segunda puerta de acceso pesa mucho y se necesita ayuda). No son todos, aseguran. Sólo algunos de los 'puntos negros' de la accesibilidad en Logroño a los que se podría añadir la discriminación que sufren, por ejemplo, en el Teatro Bretón -«accesible sí, pero no podemos comprar entradas baratas, sólo caras, ya que nos ponen abajo»- y en la plaza de toros -«los sitios reservados para sillas de ruedas son zonas de tránsito, pasillos»-. Otros, como el de la Comisaría de la Policía Nacional de Doctores Castroviejo, ya se han solucionado: «Se accede por el edificio principal», aseguran.

«Siguen existiendo problemas», dice Félix, que recuerda que «la accesibilidad no implica sólo la eliminación de un peldaño». La normativa contempla prácticamente todo. Desde las dimensiones máximas de un escalón, hasta la altura de los mostradores; desde la estructura y ubicación de los pulsadores de un ascensor, hasta la anchura de pasillos, puertas y radios de giro.

«También están los espacios en los que, cumpliendo la normativa, el entorno se convierte en un enemigo más», dice Tomás. «Por ejemplo, la Comisaría de la Policía Local. Tiene rampa y es accesible, pero para llegar hasta allí el suelo es como un pista de patinaje: muy irregular y resbaladizo con la lluvia». Lo mismo sucede con la disposición de algunas alcantarillas («las ruedas de la silla se 'clavan'») o incluso la nueva peatonalización de Bretón de los Herreros: «El eje de la calle está tan rebajado para la conducción del agua que es imposible cruzar con la silla».

Ese entorno que consideran «hostil» es el que creen que las administraciones deberían mejorar. «No queremos ningún derecho más que el resto de la población, simplemente que se tengan en cuenta nuestras limitaciones», aseguran a la vez que entienden que esas reclamaciones «en casos de propiedades privadas», son más complicadas. Por eso exigen a la Administración que vele por sus derechos y que se dé cuenta de que es la primera obligada a cumplir las normas.

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