Su historia es de las que te obligan a sentarte y no pestañear... Trabajaba como barrendero en la torre norte del World Trade Center y el 11-S cambió su vida. Nada volvió a ser como antes ni en los EEUU ni en el resto del mundo ni en el propio William Rodríguez. Portorriqueño de 50 años, el encargado de la limpieza de las escaleras de los 106 pisos de una de las Torres Gemelas ha pasado a la historia como el último superviviente de los atentados de Nueva York del 11 de septiembre del 2001. Hoy, una década después, desde la presidencia de la Asociación de Víctimas Hispanas del Terrorismo cuenta su milagro a quien quiera oírle y ayer lo hacía en la XXX Asamblea de Asociaciones de Personas Mayores celebrada en Logroño.
«Me llaman héroe, pero yo me considero un superviviente... estoy aquí por un milagro de vida, lo que me condujo hacia la responsabilidad de glorificar esa segunda oportunidad que tengo ayudando a los demás», comienza su relato Rodríguez ciertamente incómodo con la etiqueta que se empeñan en colgarle allá por donde va. Lo cierto es que pasó de pasar la fregona por miles de escalones a ser considerado todo un héroe nacional tras ayudar en las tareas de rescate, llegando posteriormente a recaudar cientos de millones de dólares para los que, como él, perdieron todo quedando marcados para siempre.
«Yo que era una persona totalmente agnóstica, que no creía en nada y, sin embargo, dije: ¡Dios mío, ayúdame!», recuerda a fuerza de repetir. Y es que solo Dios pudo obrar tal milagro: antes de que el rascacielos se le cayera encima, salvó a 14 personas y colaboró con policía y bomberos en la evacuación de centenares de atrapados. «Llegué hasta el piso 39 abriendo cada puerta de acceso pues tenía una de las cinco llaves maestras del edificio y los propietarios de las otras cuatro, los administradores del complejo, habían huido», se excusa quien condujo a varias decenas de personas presas del pánico entre las ruinas y el humo hasta unas salidas que conocía como nadie tras más de 10 años barriendo y fregando los mismo suelos que sirvieron como ruta de escape.
'Willy', como le llaman, fue la última persona en salir con vida de la torre antes de su derrumbe y solo la ayuda divina hizo que le diese tiempo a refugiarse bajo un camión de bomberos «tragado literalmente por la tierra» sin que él, milagrosamente, sufriera daño alguno.
Rodríguez sitúa su acto de valentía en la pura desesperación, por no saber qué estaba sucediendo, por puro desconocimiento de la magnitud del suceso y, sobre todo, por sus amigos... esos empleados del restaurante del último piso que le invitaban a desayunar cada día. «El 11-S perdí 200 amigos que jamás volveré a ver», lamenta. Y es precisamente por ello por lo que William se siente deudor... «Sea como fuere soy historia viviente, el único lazo de conexión entre las víctimas y sus familiares por haber vivido los últimos momentos con sus seres amados», confiesa quien tiene en la ayuda a las víctimas su única misión desde entonces. «Ser la voz de las víctimas», precisa.
Fue así como a partir del 12 de septiembre William Rodríguez se puso manos a la obra y, desechando toda invitación a sumarse a la causa republicana o demócrata, optó por el activismo ajeno a todo signo político. «Nos estaban tratando de utilizar políticamente para apoyar al presidente igual que pasó aquí en España tras el 11-M», espeta dolido. Rodríguez, como latino, decidió encomendarse en cuerpo y alma al colectivo inmigrante... sin recursos. Hispanos sin seguro, sin empleo y, en numerosos casos, hasta sin papeles. «Llegué incluso a olvidarme de mis propias necesidades y en el 2005 me vi viviendo debajo de un puente», asegura.
Su cinematográfica historia, sin embargo, encierra en el fondo un poso de honda decepción. «Diez años después sigo asombrado por lo sucedido y por sus consecuencias... El 11-S se ha utilizado como política del miedo en EEUU y en el resto del mundo, usándose como excusa para dos guerras con invasión de países incluidas y una erosión de derechos civiles continua a partir de entonces». Hollywood ya le ha ofrecido hacer una película de su vida.