La linde entre lo moral y lo inmoral puede resultar difusa, pero no lo debiera ser entre lo delictivo y lo autorizado. La película 'A Serbian film', considerada pornográfica por recrear la violación de un bebé, carece de escenas sexuales reales pero se adentra en un tabú, la sexualidad infantil, y por ello se mueve en un terreno resbaladizo. Los juristas no se ponen de acuerdo acerca del supuesto ilícito penal que entrañaría la proyección de la película. Los cineastas, sin embargo, salen en defensa del director del certamen, Ángel Sala, y se preguntan qué ha visto el fiscal para defender semejante acusación.
Los juristas discrepan sobre las fronteras entre el delito y la libertad de expresión. No son pocas las películas, muchas galardonadas con un Oscar, en las que Clint Eastwood o Steven Seagal, junto a directores de la talla Quentin Tarantino o Francis Ford Coppola, han recreado crímenes, violaciones y matanzas. Por ellas se les pudo criticar en su día, pero a nadie se le ocurrió abrir diligencias judiciales por apología de un delito. Ildefonso Soriano, profesor de Derecho Constitucional en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense (Madrid), considera que el cine «es un arte más».
Por este motivo destaca que igual que cuando vemos cuadros en una exposición hay algunos que nos repelen, «en el cine lo que se exhibe no siempre es agradable a los ojos». Este experto, conocedor de que las escenas de 'A Serbian film' son «fingidas y en ellas no se utilizan a niños ni bebés», estima «excesivo» imputar al director del Festival de Sitges por un delito de exhibir pornografía. En el lado contrario está Pilar Jiménez, presidenta y portavoz de la Asociación de Fiscales, quien aduce que en este caso hay que «aplicar la legislación». Frente al derecho fundamental a recibir información, la fiscal entiende que «cuando se comete un delito no hay colisión de derechos. Esto se puede valorar en el ámbito constitucional, pero en el ámbito penal lo que hay es la infracción de una norma establecida en el Código Penal». «Mis derechos fundamentales no son ilimitados, y uno de los límites de esos derechos fundamentales es la comisión de un delito», asegura Pilar Jiménez, quien, ante el manifiesto de apoyo a Ángel Sala firmado por los directores de diversos certámenes cinematográficos, alega que los expertos en cine «no son técnicos en Derecho».
El director de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, Javier Angulo, discrepa radicalmente de las razones esgrimidas por la Asociación de Fiscales. Subraya que «a nadie se le ha obligado a ver la película» y destaca que cuando se exhibió en Sitges se hizo en una sesión a medianoche, se reclamó a los espectadores que demostraran su mayoría de edad presentando el DNI y se avisó que había imágenes que podían herir la sensibilidad. «En las escenas sexuales se usó un muñeco y además se trata de hechos ficticios», aduce Angulo.
'A Serbian film' se ha proyectado en los dos de los mercados más reputados del mundo, el de Cannes y el American Film Market de Santa Mónica (California), además de que ha sido vista en Bruselas, Montreal, Londres, Oporto, Austin, San Francisco, Toronto, Sofía, Hamburgo, Helsinki, Puchon (Corea del Sur), Ravenna y Estocolmo, entre otros. «En España se ha montado una cruzada», sostiene Angulo.
Visión del fiscal
Algo parecido apunta el director del Festival de Cine de San Sebastián, José Luis Rebordinos, quien se sorprende de que el fiscal haya promovido la querella contra Ángel Sala. «¿Qué ha visto el fiscal español en la película que no han visto miles de ciudadanos de diferentes países, decenas de miembros de jurados que la han premiado, comités de selección de festivales que la han programado.? Esta es la gran pregunta. ¿Todas estas personas apoyamos o miramos con indiferencia la pornografía infantil?», se pregunta de forma retórica Rebordinos. El cineasta, quien al menos puede invocar el argumento de que él sí ha visto la película de la discordia, asevera que hay cintas «mucho más brutales que 'A Serbian film' circulando por distintos canales».
Rebordinos, quien por el momento se abstiene de enjuiciar el filme desde presupuestos estéticos, asegura que vivimos una época en la que algunos ciudadanos se empeñan en imponer a otros lo que deben ver. «Esta película juega con el tabú de la infancia y eso la hace muchísimo más incómoda para todos».