Siempre con la pajarita bien ajustada como seña de identidad, Inocencio Arias conoce como nadie las entretelas de la diplomacia de las últimas décadas. Embajador español ante la ONU en el 11-M, hoy llega a Logroño para hablar del impacto de Wikileaks en las relaciones exteriores.
-¿Qué supone el fenómeno Wikileaks para la diplomacia?
-Wikileaks no ha sido una revolución como tal, pero sí ha trastocado los modos de la diplomacia porque, a partir de ahora, los interlocutores en conversaciones o negociaciones que se realicen en el mundo, y sobre todo en Estados Unidos, serán mucho más prudentes a la hora de expresarse, lo que va a dificultar estos contactos.
-¿Cree que las filtraciones dejan en buen lugar a los diplomáticos?
-En realidad, si uno examina el contenido de los cables verá más doblez en lo que rodea a los interlocutores del diplomático que en su propia actuación. De hecho, los gobiernos, por ejemplo de Arabia Saudita, de Israel o de España, dicen una cosa a su opinión pública y a los americanos les dicen otra.
-Es lo que ocurrió con los vuelos secretos de la CIA, ¿no?
-En efecto, en el caso de los aviones que venían de Guantánamo y pasaban por España, mientras nuestro Gobierno afirmaba que no había tal, en realidad los estaba permitiendo e, incluso, les decía a los americanos que no existía ningún problema. Y no sólo el Gobierno de Zapatero. Mientras Arabia Saudita defendía en público que había que tener respeto por el mundo islámico, en secreto le reconocía a Estados Unidos que la solución pasaba por cargarse al presidente de Irán.
-O sea, que Wikileaks está destapando el doble lenguaje de los gobernantes.
-El Gobierno español alardeaba de tener una postura muy firme con Estados Unidos, sobre todo cuando Bush estaba al frente, pero Zapatero estaba mendigando para que Bush le recibiera. Es cierto que muchos de los asuntos que ha revelado Wikileaks se sabían o se intuían, pero esto lo pone negro sobre blanco y, lo curioso, es que los americanos no salen malparados.
-¿Y Europa sale malparada?
-En contra de lo que se dijo en España, donde hay un antiamericanismo galopante, si se analizan los cables se ve que quienes se plegaban a Washington, quienes usaban un doble lenguaje, eran los políticos europeos.
-¿Cree que el fenómeno Wikileaks se va a extrapolar al Viejo Continente?
-A Europa y a otros continentes. Seguro. Muchas personas, por conciencia, por rencor a sus gobiernos o por interés políticos, van a terminar filtrando documentos tras la estela de Wikileaks.
Futuras filtraciones
-¿Afectarán las filtraciones a la seguridad mundial?
-Como ha habido un cierto pudor por parte de los cinco periódicos que han publicado los cables no parece que existe un peligro a corto plazo. Pero las revelaciones excitan la imaginación y seguro que habrá nuevas filtraciones que pongan en peligro la seguridad.
-¿Llegará Wikileaks a España?
-Ya hay gente preparando filtraciones en más de un país. No tengo constancia de que uno de estos países sea España, pero estoy convencido de que tarde o temprano el fenómeno Wikileaks va estallar en España. A mí mismo; cuando era embajador en la ONU, filtraron un telegrama mío al Ministerio de Asuntos Exteriores, lo que me causó problemas en mi misión
-Si ponemos en una balanza lo positivo y lo negativo de Wikileaks, para usted ¿cuál de los platillos pesa más?
-Yo me quedaría en la mitad. Hay cosas buenas, porque pone al descubierto la doblez de ciertos gobiernos, pero al tiempo es un precedente peligroso en política, comercial seguridad o procesos de paz. De hecho, se ha puesto en peligro el diálogo de paz entre palestinos e israelíes en Oriente Medio.
-Desde su punto de vista, ¿cómo deja Wikileaks al denominado periodismo de investigación?
-Este caso es el paradigma del atajo para el periodismo de investigación, porque lo da todo masticado.