Según el Observatorio Nacional de Incontinencia (ONI), en España habría más de 6.500.000 personas afectadas de incontinencia urinaria; es decir, el 15,8% de la población española, de las cuales el 24 % son mujeres y el 7 % son hombres. La prevalencia de incontinencia urinaria varía dependiendo de la edad y el sexo, siendo más frecuente en el sexo femenino y en personas de edad avanzada. Estos datos se irían incrementando con el paso de los años como ha sucedido hasta ahora, que se ha duplicado el número de pacientes con este problema desde el año 2003, probablemente debido al aumento de la población y al envejecimiento de la misma.
Aunque no hay que pensar que esta patología sólo se produce en personas de edad avanzada, sí que es cierto que es un problema que se incrementa con el paso de los años. Se estima que alrededor del 24% de mujeres sufre incontinencia entre los 21 y los 26 años. Aumenta entre el 30% y40 % en mujeres de mediana edad y llega hasta el 50 % en las mujeres ancianas. En los hombres mayores de 65 años podemos llegar a cifras entre el 14% y 29 % y alcanza a más del 50 % en mayores de 85 años.
Los datos aportados no son del todo exactos, debido a que aunque es una patología que influye de forma muy importante en la calidad de vida de las personas que las sufren, aún hay muchos pacientes que lo ocultan y otros que no están del todo bien diagnosticados y no reciben un tratamiento integral. Cuando preguntamos a los pacientes sobre cómo afecta este problema a su vida diaria, nos cuentan las limitaciones que les produce: realizar ciertas actividades de la vida diaria, la práctica de algunos deportes, la realización de viajes, condicionamiento de su vida sexual y la frustración que les ocasiona todo ello. En muchos casos encontramos inseguridad (miedo a olores, manchas en la ropa), depresiones, estrés y aislamiento social. Muchos pacientes no llegan a ser tratados correctamente y los que lo consiguen acarrean un largo camino de especialistas con años de evolución y empeoramiento de su patología hasta que empiezan el tratamiento.
La mayoría de ellos alega falta de información por parte de los profesionales sanitarios. Por este motivo, es necesaria una mayor información y asesoramiento de las administraciones sanitarias hacia los usuarios sobre la posibilidad de tratar estas patologías, y una mayor formación por parte de los profesionales sanitarios implicados en la salud perineal: médicos de atención primaria, enfermeras, médicos especialistas, matronas y fisioterapeutas.
El mejor tratamiento en estos casos es la prevención; es decir, intentar cambiar hábitos de vida nocivos como pueden ser: evitar el estreñimiento, la obesidad, la hipertensión, eliminar sustancias nocivas para el organismo como el tabaco (la tos crónica puede producir un descenso del periné), realizar deportes que no aumenten la presión intraabdominal (aerobic, step, abdominales pueden agravar más el problema), realizar ejercicios de fortalecimiento de la musculatura perineal, llevar una buena higiene íntima. Aunque en algunos casos no es suficiente, ya que ciertas situaciones como son los partos instrumentales, ciertas cirugías o la menopausia pueden conllevar a la aparición de incontinencia. Por ello debemos encontrar también un tratamiento adecuado a cada patología.
Otras incontinencias
La patología más frecuente que encontramos es la incontinencia urinaria, aunque también vemos todos los días casos de incontinencia fecal, incontinencia a gases, disfunciones sexuales y dolor pélvico crónico. Este último es el gran desconocido, no por ello menos importante. Se refiere a un cuadro doloroso de la zona perineal de más de seis meses de evolución generado por causas muy diversas (ginecológicas, urológicas, sexuales, digestivas, o traumatológicas). Todas estas patologías y muchas otras del suelo pélvico pueden recibir tratamiento, tanto médico como quirúrgico y fisioterápico. Si nos centramos en las técnicas menos invasivas, estaríamos hablando de la fisioterapia perineal que puede llegar a mejorar e, incluso curar, hasta un 80% de estas patologías y que engloba diferentes tratamientos para las distintas patologías. El encargado de llevar a cabo estos tratamientos es el fisioterapeuta especializado en suelo pélvico con una formación específica y complementaria en estos campos (uroandrológico, ginecológico, coloproctológico, osteopatía y obstetricia). Centrándonos en la incontinencia urinaria, encontramos tres tipos más frecuentes de incontinencia que son: de esfuerzo, de urgencia y mixta.
La primera de ellas se refiere a las pérdidas de orina al realizar algún esfuerzo por aumento de la presión abdominal (toser, reír, correr, saltar, estornudar.) debido a un debilitamiento de la musculatura vagina. Nuestros métodos de tratamiento son diversos y entre ellos encontramos ejercicios de fortalecimiento de la musculatura perineal, técnicas de fortalecimiento de la cincha abdominal (gimnasia abdominal hipopresiva, técnicas depresivas), electroestimulación, biofeedback, terapia manual, bolas chinas. La incontinencia urinaria de urgencia es la pérdida involuntaria de orina de forma repentina por un fuerte e incontrolable deseo miccional, en muchos casos por contracciones involuntarias del músculo detrusor (músculo que rodea a la vejiga).
En este caso el tratamiento se encamina, sobre todo, a la inhibición de estas contracciones del detrusor y a realizar unas micciones programadas o calendario miccional. La tercera de las incontinencias es la mixta que es una mezcla de las dos anteriores, es decir, una incontinencia por esfuerzo y urgencia. El tratamiento iría dirigido a tratar las dos patologías asociadas.
Antes de realizar ningún tratamiento, es necesario realizar una buena historia clínica y una exploración por parte de los profesionales sanitarios adecuados; en este caso, el fisioterapeuta especialista en suelo pélvico, para poder elegir el tratamiento más efectivo para cada paciente.
Estas técnicas no se deben realizar de forma aislada, ya que forman parte de un tratamiento global, además el paciente necesita conocer su suelo pélvico, saber cómo fortalecerlo e integrarlo dentro de sus actividades de la vida diaria. Por ello es tan importante el trabajo multidisciplinar, la colaboración con otros médicos especialistas para realizar un correcto diagnóstico, tratamiento y seguimiento de estas patologías.