La música es una pasión que muere cuando un grupo se sube a un escenario por oficio, por profesión y parné. En estos tiempos malos que corren tanto para la lírica como para el rock y hasta el pop, son muchos los trabajadores de la escena que buscan garantizar la pecunia. Por fortuna, felices oasis siguen recordando el porqué de este arte.
En la noche del viernes, los rockeros riojanos recibieron una nueva dosis de honestidad por parte de los guipuzcoanos Leize, una de las bandas fundamentales del rock patrio tras 28 años de andadura y una trayectoria intachable. Por tercera ocasión pisaban un escenario riojano para presentar 'Sólo para ti', el ovacionado álbum con el que mostraban que su regreso a las tablas en el 2007 tras diez años en silencio no era algo ocasional ni mercantil.
La descarga en el Biribay Jazz Club era la última de este año para la banda, que justo acababa de salir de los bilbaínos estudios Groove para registrar los temas nuevos que acompañarán a un disco de rarezas. Tras ese encierro en estudio, los cuatro Leize tenían ganas de morder. Arrancaron la velada con 'Y otra vez', un rabioso tema contra el conformismo ante el sistema que nos ata. Al finalizar, el cantante Félix Lasa lanzó un grito lleno de fuerza y rabia. La máquina Leize estaba en marcha.
En el arranque apostaron por temas clásicos, como 'Dar el salto' o 'Futuro para mí', uno de los riffs más reconocibles de nuestro rock. Para entonces, Lasa ya no cantaba solo. Todos los presentes desgañitaban sus gargantas acompañando cada estrofa, que viajan con una afilada lírica desde la cruda realidad que viven las calles hasta los sentimientos más sinceros. «¡Ya estamos en La Rioja!», vitoreaba Lasa al volver a encontrarse con el calor de un público que siempre ha sido fiel y que cantaba cada verso de los clásicos como de los temas de reciente factura como 'Sin sitio', 'Despierto' o el antibelicista 'Héroe'.
Pasión por la música
Los cuatro Leize ya no son ningunos chavales soñadores, sino padres de familia que viven intensamente su pasión por la música. Y sus sonrisas constantes, los guiños con el público y su sudor delatan esa fruición melómana. Y la contagian al respetable logrando lo que cualquier banda ansía: que grupo y público sean uno. Como todos los que facturan, el concierto logroñés fue cómplice, en el que el grupo implica al público en su mensaje y en su fiesta. De hecho, en varios momentos bajaron a tocar y cantar entre el público como en 'Devorando las calles'. El clásico protagonizaba una recta final ganadora, con la memorable balada 'A tu lado', el rabioso 'Buscando... mirando' o la reivindicación de un mundo sin barreras 'Muros'. Así quedó el mensaje: «Si sobrevives, cuéntame la verdad».