La diplomacia estadounidense tardará años en recomponer su imagen y su eficacia en el frente internacional tras los sucesivos golpes propiciados por la web Wikileaks y el torrente de documentos secretos filtrados a la opinión pública en los últimos meses. Después de desnudar el modus operandi de EEUU en los conflictos de Irak y Afganistán, el sitio dirigido por Julian Assange lanzó esta semana su tercera entrega, quizás el arsenal de información confidencial más dañino padecido por un Gobierno en la Casa Blanca desde los tiempos del 'Watergate'.
La 'garganta profunda' no ha sido ningún alto responsable del 'establishment' presidencial, sino un modesto militar cuya personalidad quedó trastocada durante su experiencia en las Fuerzas Armadas. Como analista de Inteligencia en el Ejército, Bradley Manning tenía acceso a una ingente cantidad de información secreta vital para los intereses de EEUU, pero como soldado raso ocupaba un escalafón muy bajo, igual que su paga. Lo que para otros compañeros era una manera de empezar a labrarse un futuro dentro de la institución no encajaba con el ego de Manning, ansioso por obtener recompensas inmediatas.
Pronto daría señales a sus amigos de que se sentía frustrado con su carrera mientras en el plano personal su homosexualidad había chocado de frente con la dura realidad de Irak, destino en el que incubó un fuerte resentimiento hacia sus superiores. Tan mal le fue que le dieron de baja por «problemas de adaptación».
De esa época -el pasado mayo- datan sus conversaciones en Internet con el 'hacker' Adrian Lamo, un obseso de la informática como él en quien encontró al confidente ideal. «Estuve mucho tiempo aislado. Sólo quería ser amable y llevar una vida normal, pero los hechos me han obligado a imaginar otras formas de sobrevivir», tecleó en un mensajes.
52 años de cárcel
No tardaría mucho el soldado en entrar en materia y empezar a irse de la boca sobre el valioso alijo de información confidencial que había ido grabando en decenas de CD en su puesto de trabajo en Bagdad mientras tarareaba canciones de Lady Gaga. «¿Si tuvieras acceso a redes clasificadas 14 horas al día los 7 días de la semana durante 8 meses ¿qué harías?», deslizó Manning a Lamo en un chat cuando aparentemente ya había entregado a Wikileaks los 260.000 cables diplomáticos del Departamento de Estado que han conmocionado al mundo esta semana, así como la abundante información secreta sobre Irak y Afganistán. No se descarta que se hayan 'extraviado' otros documentos clasificados.
Tan abrumado quedó Lamo por aquella revelación que no dudó en saltarse el código de honor que une a los 'hackers' y corrió a las autoridades de EEUU a soltar la bomba sobre el escape de información . «Hillary Clinton y varios miles de diplomáticos en todo el mundo van a sufrir un ataque al corazón cuando se levanten una mañana y descubran que hay un enorme arsenal de mensajes clasificados disponibles al público», les informó.
Aquella voz de alarma condujo a la inmediata detención de Manning -el soldado lleva 189 días encarcelado en una base militar en Virginia y se enfrenta a una pena de 52 años de cárcel- y a la búsqueda de explicaciones sobre las razones que lo condujeron a traicionar a su país.
Lo que los medios norteamericanos han descubierto no es un caso excepcional en el Ejército más poderoso del mundo. Como Manning, no son raros los casos de jóvenes tímidos, con problemas de relaciones sociales y con difícil encaje en la rígida disciplina castrense por su condición homosexual. El gran lapsus de los militares fue pasar por alto que ese joven disfuncional era además un genio de la informática al que se le brindó acceso a la caja fuerte de los secretos de Estado mejor guardados del país.