La UD Logroñés B parecía un equipo imbatible. Podría decirse que venció sin sufrimiento hace una semana a la Oyonesa por tres goles a cero. Fue un resultado para abrir hueco y dar un golpe de autoridad ante uno de los mejores del grupo. Pero este equipo, tan brillante en muchas ocasiones, presentó ayer su peor cara frente a un Calasancio que le exigió demasiado, tanto, que acabó por llevarse la victoria en el descuento.
Desde que el esférico se puso en movimiento se pudo vislumbrar cuál sería la tónica del encuentro. La UD Logroñés quería la posesión del balón, es su seña de identidad, pero parecía no saber que hacer con él. El Calasancio, un equipo muy bien trabajado pese a no estar bien en la clasificación, aguantaba en su campo dejando maniobrar a Reinares y Javi en la salida de balón pero presionando en la medular a Cameros y Rolan, que no encontraban claridad en el pase. La presión y los apoyos funcionaban a la perfección para los amarillos. Sólo Tamayo y Zabala, cuando aparecían entre líneas, creaban peligro en la defensa local. Pero era de forma aislada, con jugadas intermitentes y sin llegar a conectar con Diego, muy sólo en la punta entre los sobrios marcajes de Pipo y Óscar. La UD Logroñés B se atascaba en ataque.
Tras el descanso, el partido continuó con la misma tónica. Incluso el Calasancio se permitió asustar en los primeros instantes del segundo tiempo con un remate de Óscar que taponó la defensa blanquirroja en el área pequeña. Pero poco a poco la UDL volvió a hacerse con el dominio del choque, aunque ahora ni siquiera sacaba a relucir esos ramalazos de genialidad con los que intimidaba en la primera parte. Tamayo seguía siendo el más activo, y tuvo la mejor ocasión de los blanquirrojos en un buen disparo que despejó Fran a córner.
Pero cada vez más espeso, el equipo visitante comenzó a descuidar la parcela defensiva y al Calasancio se le abrieron opciones en ataque. A falta de diez minutos Elías envió un disparo al palo tras una buena contra. Y tras el aviso, el gol. Un pase largo a la espalda de la defensa blanquirroja habilitaba a Félix para encarar a Enrique y batirlo con un fuerte disparo. Ya pasaba un minuto del tiempo reglamentario, y el añadido se alargó hasta los siete en un emocionante final que deparó la gran sorpresa de la jornada. Un buen Calasancio supo parar y tumbar a un inofensivo líder.