Sabina es uno de esos artistas a los que les basta hacer muy poco sobre el escenario para ganarse al público. Y cierto es que el pasado sábado alrededor de 6.000 personas disfrutaron del concierto de este singular músico en la plaza de toros La Ribera de Logroño, así que poner algún pero a la actuación sería como conducir en dirección contraria sobre una autopista repleta de coches.
El caso es que, con bastante puntualidad, Joaquín Sabina arrancó su concierto con la nueva canción ‘Tiramisú de limón’, un tema muy rockero en el que, en el disco, le apoya el grupo Pereza. Tras un ramillete de temas de su último disco, ‘Vinagre y rosas’, comenzó a desgranar viejos éxitos, como ‘Pacto entre caballeros’ y ‘Por el boulevard de los sueños rotos’, que encandilaron pronto a los espectadores. Para presentar a sus músicos utilizó el tema compuesto junto a Fito Páez ‘Llueve sobre mojado’, y es que Sabina ha estado muy bien acompañado en esta gira que concluyó en Logroño. Al bajo, su escudero Pancho Varona; a los teclados, Antonio García de Diego; a la batería, Pedro Barceló; a la guitarra, el fundador de Alarma y músico de Burning Jaime Asúa; al saxo, Josemi Sagaste; y a los coros, Mara Barros.
El público fue de todas las edades, incluso se vieron a muchos padres con sus hijos compartiendo gusto musical. Makoki, entre el público, camuflado con un bombín y gafas de sol, pasó todo el concierto abrazado a su mujer, encantado con las canciones de Sabina. Llamativo fue que al menos había media docena de puestos de ‘merchandising’ con objetos como bombines (a 10 euros) y bastones de Sabina (a 15 euros).
«Qué calorcito dan ustedes con el frío del carajo que hace aquí», dijo Sabina en sus primeras palabras dirigidas al público. Entonces recordó el disco ‘Nos sobran los motivos’ que grabó en parte en la vieja plaza de toros de Logroño. «La primera vez que vi un puticlub (porque en Logroño no hay, ¿verdad?) me quedé como Belén Esteban ante el Museo del Prado», contó para el desternillamiento del respetable.
La nota curiosa de la velada la dio el teclista al equivocarse al empezar a tocar una canción distinta a la que marcaba el repertorio. Y el punto álgido se vivió, exactamente, a las 23:45 horas, cuando sonó el éxito ‘19 días y 500 noches’, coreado por 6.000 voces. Después, otras canciones como ‘Princesa’, ‘Y nos dieron las diez’ y ‘La del pirata cojo’ terminaron de poner la guinda a un concierto correcto y de nada menos que de dos horas y media de duración. Todos contentos.