Los cerca de 16 kilómetros que distan entre el entorno de la ermita de Tómalos en Torrecilla en Cameros y las inmediaciones de Lumbreras se convirtieron durante el pasado puente de Todos los Santos en una trampa fatal para los conductores.
Lo atestigua la sucesión de restos de vehículos que reposan en las cunetas de la N-111, fruto de los 15 siniestros, la mayoría salidas de vía y dos choques frontolaterales, con que se saldó la última operación salida en esta parte del Camero Nuevo.
El propietario de Grúas Villanueva y presidente de la Asociación Riojana de Grúas de Auxilio en Carretera (AGRAC), José Asterio Sáenz, asegura que no había asistido a una concentración de siniestros similar en esta vía «en los veinticinco años» que lleva trabajando en la zona. Para Sáenz, que conoce al dedillo cada recodo de esta nacional, la causa de esta concatenación de accidentes que, afortunadamente no dejó sino heridos leves con diversas contusiones, está clara: «La combinación de intensas precipitaciones con velocidad y un incremento del tráfico debido al periodo festivo». «Se han juntado el agua, que provoca pérdida de visibilidad, con un exceso de velocidad por parte de los conductores», señala.
A esto, el encargado de auxiliar a los accidentados en este tramo añade que «en esta parte hay muchas curvas situadas en lugares umbríos, que mantienen más la humedad, y en las que en cuanto el coche va un poco más rápido de lo debido, patinas y te vas».
Choque
Aunque un afectado, cuyo turismo acabó chocando contra el quitamiedos de la nacional a la altura del cruce de Ribabellosa considera otros posibles motivos para tal cúmulo de siniestros. «Conduzco habitualmente por esta vía y nunca me había pasado algo semejante. Subía de Tómalos a 40 kilómetros por hora cuando vi un todoterreno que salía del cruce de Ribabellosa, frené y noté que perdía el control del coche. Creo que se juntó que llovía un montón y que los coches arrastran arenilla de las obras que se están realizando en el entorno de la piscifactoría de Viguera, porque antes de que comenzaran los trabajos no patinaba tanto el vehículo».
En cualquier caso, Sáenz insiste en hacer un llamamiento a la prudencia. «Hay que mentalizarse de que en los días con inclemencias meteorológicas hay que reducir la velocidad y respetar siempre la distancia de seguridad, si no seguirán registrándose accidentes».