El Calahorra tuvo que sudar y pelear hasta el pitido final para lograr la victoria ante el Calasancio. Un partido nada fácil, ante un rival muy incómodo, que acabó defendiendo su portería la última media hora, sin dejar un resquicio a los jugadores locales, presionando y cortando las jugadas a base de faltas, sin dejar jugar a su contrincante y aún menos que mantuviera un ritmo el encuentro. Un partido difícil de arbitrar en el que Diego Alonso tuvo que sacar 12 amarillas y al que no le ayudaron nada los jugadores.
El choque tuvo un claro color rojillo, con algunas pinceladas amarillas, donde el Calahorra tenía el balón pero sin llegada.
La Planilla tuvo que esperar a casi el tiempo de descuento para ver un gol. Pirri robaba el esférico a Óscar y apuraba para servir a Toledo, que incrustaba el esférico en la escuadra. Un mazazo para los amarillos, que adelantaban líneas a la desesperada, pero demasiado tarde, porque Pirri estuvo muy acertado para 'robar la cartera' a la zaga visitante y ceder a Mario Barco, que envió el esférico a las mallas.