En el mundo del fútbol se tiende a olvidar rápidamente a las personas. Sin embargo, hay jugadas, momentos, que permanecen en la retina para siempre. Entre esos momentos, los aficionados del Club Deportivo Logroñés seguro que guardan uno protagonizado por un brasileño llamado Cassiano. Su golazo contra el Sevilla en la temporada 1997-98 será recordado como uno de los más bonitos que se vieron en el Viejo Las Gaunas.
El jugador, que ahora tiene 34 años, se encuentra actualmente en Logroño a la espera de que su mujer, que es riojana, dé a luz a su segunda hija. «No logro tener un chico que siga mi carrera; aunque si mi primera hija sale futbolista, al nacer en Bilbao puede convertirse en la primera brasileña del Athletic», bromea. Mientras llega ese momento, Cassiano se entrena con la SD Logroñés y a finales de octubre regresará a Brasil. Y si los logroñeses recuerdan con cariño aquel gol, él tampoco lo ha olvidado. «Yo no vi cómo entró en la portería, pero sí que recuerdo que nada más pegarle, el sonido que hizo el balón me hizo pensar que tenía posibilidades de que entrara».
El brasileño llegó a Logroño de la mano de Víctor Muñoz, en la primera temporada del Logroñés en Segunda, tras descender el año anterior. «Jugaba en el Palmeiras, donde por aquel entonces sólo había jugadores de la selección; allí hice una prueba y nadie daba un duro por mí», asegura. Sin embargo, esa prueba salió bien. «En el primer entrenamiento les ganamos los suplentes a los titulares 2-1 con dos goles míos y en lo s titulares estaban gente como Cafú, Djalminha, Freddy Rincón o Viola», recuerda. Entre tanta estrella, Cassiano no logró tener continuidad, cambió de aires y vino a Logroño. «Muñoz me trajo y, mientras estuvo de entrenador, jugué bastante; después se fue llegó Boronat y jugué muy poco», afirma. «Sin embargo, visto con perspectiva, le tengo que dar las gracias porque, como no jugaba, pude salir más por la ciudad y conocí a la que hoy en día es mi pareja», cuenta.
Después de estar en el Logroñés, Cassiano comenzó un largo peregrinar que le ha llevado a jugar en 12 países del mundo. «Dejé Logroño y tuve que estar seis meses recuperándome de una lesión; volví a Brasil para jugar en un equipo pequeño, lo hice bien y me fichó el Sao Paulo donde coincidí con futbolistas como Raí, Jorginho o Marcio Santos». La competencia y la falta de minutos le hicieron otra vez hacer la maleta y emigrar. Su destino fue Rusia. Desde entonces, no ha parado de viajar y de saltar de un país a otro.
En Rusia llegó a semifinales de la Copa y, al acabar su contrato, se fue a Suiza y, de allí, a México. «Me iba todo muy bien pero me rompí la pierna». Una mala noticia que no le permitió jugar demasiado, pero lo suficiente como para que el Nacional de Montevideo se fijara en él y lo fichara: «Ahí comenzó mi apogeo», asegura. Un fichaje al que contribuyó bastante la figura de otro viejo conocido de Logroño: Marcelo Tejera. «Habló de mí genial, me llamó y me dijo que lo iba a tener que hacer bien porque él les había dicho que era el nuevo Pelé», dice entre risas. En Nacional todo le salió redondo. Marcó muchos goles, fue titular y se hizo con el título en el Apertura y del Campeonato Uruguayo. Estuvo sólo cinco meses pero, pese a su buen hacer, optó por irse: «Nacional quería que siguiera, pero yo tenía 27 años y me llegó la opción de irme a Corea y me marché; a los seis meses me vio un jeque de los Emiratos Árabes y volví a cambiar de aires».
Después volvió a Brasil para jugar en el Botafogo, pero su peregrinar no había acabado. Tras Brasil, jugó en Portugal, Ecuador y Colombia hasta llegar a Vietnam, donde su equipo quedó subcampeón. Tras tanto viaje, volvió a Brasil. Pero le volvieron a llamar de Vietnam y regresó allá para quedarse campeón del campeonato. Allí terminó su vuelta al mundo particular. Ha vuelto a Brasil y piensa en dedicarse a otras cosas distintas al fútbol. Sin embargo, un amigo le ha pedido volver a jugar y él está pensándoselo. «Puede que le diga que sí».
Entre tanto viaje siempre busca momentos para regresar a Logroño, ciudad a la que le guarda mucho cariño: «Mi mujer es de aquí y siempre que podemos volvemos». De su etapa en el Logroñés también saca una conclusión positiva. «Me sirvió para prepararme para lo que me iba a venir después», asegura. Está claro que Cassiano no olvida Logroño.