La feria matea no termina en la plaza de toros, sino que los aficionados tienen una cita durante estos días con la exposición del alfareño Fernando Nievas en el Hotel Herencia Rioja NH.
- Su obra es una cita habitual en los San Mateo.
- Soy asiduo del hotel Herencia Rioja NH y, siempre agradecido, acudo a la cita en fiestas de Logroño. Tras dos años sin exponer, vuelvo a retomar la exposición con catorce piezas de tamaños considerables, de 1,20x1,20 y hasta 1,30x2 metros, realizadas durante estos últimos años. Es una tauromaquia nueva, en la que doy concesiones a la figuración pero con toda la fuerza de mis materiales: grandes incisiones, brochazos, espátula y la creación de la pintura sobre la superficie del lienzo. Las resinas y pigmentos se van mezclando y componiendo las pinturas a la vez que ejecuto la obra, logrando que toda la composición sea movimiento, fuerza. En los tonos, domina el albero y las luces de los trajes de los toreros.
- Une dos pasiones, pintura y tauromaquia. ¿Inspira el toro?
- La tauromaquia es una de mis facetas pictóricas. Mi abanico pictórico es muy amplio, pero siempre hay algún cuadro en el taller con esta temática y, a lo largo del año, realizaré una veintena de piezas sobre su mundo. La luz, la sombra, el albero. Hay un diálogo plástico entre la gente, la banda de música, las arquitecturas, los trajes de luces. Hasta el humo de un puro te sugiere. Es un mundo impresionante y precioso y, dentro de las muchas cosas que hago, siempre tengo alguna idea alrededor de la tauromaquia.
- ¿Estos catorce cuadros son un recorrido por ese mundo taurino?
- La exposición está muy motivada en temas de perspectivas: hay un par de paseíllos y lo demás es prácticamente pases. Y hay un par de piezas grandes a destacar: una cuadrilla de toreros muy impresionista y un tercio de varas que es un homenaje a Rubens, pero desde la locura de mis pinceladas.
- Comenta que da paso a la figuración. ¿Su obra personaliza a alguna figura?
- El entendido ve de qué torero se trata. Hay buenos aficionados que me han reconocido incluso a la ganadería que presenta el cuadro. Aunque las caras y los rasgos están difuminados, la esencia del pase de un torero queda y se ve a Morante, una media de Aparicio o un natural de José Tomás. Cada torero tiene su idiosincrasia y se percibe.
- ¿Es complicado detener el tiempo de un pase en un cuadro?
- Al principio, cuando comienzas la obra, la imagen que te planteas y el artista están separados. Pero cuando comienzas a manchar, a meter materiales, la distancia desaparece y tú eres el cuadro: tú eres el torero, el albero, el toro. En ese momento, el tiempo o se hace infinito o se convierte en un lapsus que ni percibes. Ahí está la grandeza de la obra creativa, que es una continua tensión: con esta locura y materiales se resuelve el vuelo de una muleta. El arte es una continua tensión en la que el tiempo desaparece. Y es que si no existe esa tensión del creador el artista no transmite.